
En Asturias ha comenzado un proyecto singular que podría transformar la economía de la región. En antiguas minas abandonadas, donde antes se extraía carbón, ahora cultivan plantas raras y costosas. Esta iniciativa surge como respuesta a los desafíos tras el cierre de la industria carbonífera y la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos para los habitantes locales.
En las galerías subterráneas del pozo Carrio, en Laviana, han brotado los primeros cultivos de wasabi, salicornia, setas y el llamado “guisante lágrima” (guisante lágrima). Estas especies no se cultivaban antes en este tipo de condiciones. Según informa El Pais, el proyecto cuenta con el apoyo del gobierno del Principado de Asturias, SERIDA, Cantábrica Agricultura Urbana, Hunosa y CTIC. El objetivo principal es comprobar si es viable utilizar las antiguas minas para instalar granjas verticales hidropónicas gestionadas digitalmente.
Tecnología bajo tierra
Durante el experimento, los especialistas evaluaron la eficiencia del cultivo de tres grupos: wasabi, microvegetales y setas comestibles. Además, probaron el cultivo de salicornia y del “guisante lágrima”, que alcanza precios de hasta 600 euros por kilo en el mercado. Para ello utilizaron sistemas hidropónicos, en los que las plantas obtienen nutrientes de soluciones en lugar de suelo. Todos los procesos, desde el riego hasta la iluminación, se controlan a distancia mediante sensores y automatización.
Las condiciones subterráneas resultaron ideales: la temperatura se mantiene entre 10 y 16 °C, con una humedad aproximada del 85%. Esto permite evitar cambios bruscos que a menudo dificultan la cosecha al aire libre. Para la iluminación se emplean lámparas LED especiales, adaptadas a la oscuridad de las minas. Este método ayuda a reducir los costes energéticos y mejora la calidad del producto.
Potencial económico
El proyecto piloto demostró que el cultivo de productos gourmet en minas es factible y puede resultar rentable. Se lograron ajustar los parámetros óptimos para cada planta, reducir los costes de mantenimiento y obtener una cosecha estable. Según informa El Pais, el éxito con el wasabi y el ‘guisante lágrima’ confirma la posibilidad de producir productos exclusivos para la alta gastronomía.
La incorporación de tecnologías digitales y sensores eleva el proyecto al estándar de la ‘agroindustria 4.0’. Esto garantiza transparencia, control de calidad y oportunidades de expansión. Para la región, representa una oportunidad de crear nuevos empleos, atraer inversiones y dar una segunda vida a infraestructuras industriales que llevaban años en desuso.
Planes de futuro
La siguiente fase consiste en ampliar la producción y atraer a empresas. Actualmente, el proyecto está abierto a compañías que pueden alquilar galerías e iniciar sus propias granjas. En el futuro, se prevé abastecer con los productos a los mejores restaurantes de España. El centro de innovación, ubicado en la base del tren Carrio, será un espacio para probar nuevas tecnologías: desde vehículos autónomos hasta sistemas de inteligencia artificial y microrredes energéticas.
En el tren vecino de Barredos se está creando un espacio para encuentros empresariales, eventos culturales y espectáculos gastronómicos. Esta iniciativa permitirá unir el legado industrial con las tendencias actuales en agricultura y tecnología.
En los últimos años, en España y otros países europeos cada vez surgen más proyectos destinados a reconvertir instalaciones industriales para el sector agrícola. Por ejemplo, en Bélgica y Reino Unido, antiguos túneles de metro y refugios antiaéreos se transforman en granjas verticales. Estas iniciativas no solo ayudan a conservar empleos, sino también a crear productos únicos y demandados en el mercado. En Asturias, esta experiencia podría servir de modelo para otras regiones que buscan nuevas vías de desarrollo tras el cierre de industrias tradicionales.











