
En 2024, España se encuentra al borde de un giro demográfico: el número de nacimientos ha caído al nivel más bajo desde que existen registros. En un año nacieron solo 318.005 bebés, casi cien mil menos que hace una década. El número de madres jóvenes menores de 35 años sigue disminuyendo, mientras que la edad promedio de las mujeres que deciden tener su primer hijo sigue aumentando.
Paralelamente, en el país se vive un auténtico auge de los tratamientos de congelación de óvulos y otros métodos de reproducción asistida. Cada vez más españolas optan por posponer la maternidad con la esperanza de cumplir sus planes en el futuro, cuando las condiciones sean más favorables. Sin embargo, no todas pueden permitirse estos procedimientos y, además, no garantizan el éxito.
Causas del cambio
A pesar de que la mayoría de las jóvenes de entre 25 y 29 años sueñan con tener dos o más hijos, la realidad es muy diferente. La tasa media de natalidad en España es de solo 1,1 hijos por mujer. Muchas mujeres mayores de 45 años reconocen que quisieron ser madres, pero no lograron cumplir ese deseo.
Los expertos explican la brecha entre deseos y realidad a través de un conjunto de factores. Entre ellos destacan la inestabilidad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda propia, la falta de reparto equitativo de las tareas de cuidado, así como el riesgo de perder el empleo o ver reducidos los ingresos tras el nacimiento del hijo. A ello se suma la escasa ayuda estatal para las familias con hijos.
Barreras sociales
En las últimas décadas, en España se ha consolidado el término «infertilidad estructural». Este expresa una situación en la que no son los factores biológicos, sino precisamente las circunstancias sociales y económicas las que impiden a las personas tener hijos. Muchas mujeres se ven obligadas a posponer la maternidad esperando tiempos mejores, y la congelación de óvulos se convierte para ellas en una forma de ganar tiempo.
Sin embargo, estas soluciones no están al alcance de todos. Los procedimientos son costosos y su eficacia no siempre cumple las expectativas. Mientras tanto, el número de mujeres que deciden tener su primer hijo después de los 35 años sigue aumentando, especialmente en regiones con una población que envejece rápidamente.
Cambia la percepción de la familia
Los cambios no solo se dan en la economía, sino también en la conciencia social. Para muchas españolas, la maternidad ha dejado de ser una parte obligatoria de la vida. Acceder a la educación superior, el crecimiento profesional y el deseo de realizarse en otros ámbitos hacen que la cuestión de tener hijos se posponga indefinidamente.
Como resultado, España se sitúa entre los países con la tasa de natalidad más baja de Europa y del mundo. Al mismo tiempo, las medidas estatales de apoyo a las familias siguen siendo puntuales y no abordan la problemática de manera integral. Los incentivos económicos y el acceso a tecnologías reproductivas avanzadas no logran revertir la situación sin cambios profundos en la política social.
Retos de futuro
La caída de la natalidad no es solo una experiencia dolorosa para muchas mujeres, sino también un serio desafío para el país entero. El envejecimiento de la población, la disminución de la fuerza laboral y el aumento de la presión sobre los sistemas sociales son algunas de las consecuencias del declive demográfico. Mientras tanto, las españolas siguen buscando soluciones individuales para no renunciar a su sueño de ser madres.
Por si no lo sabía, España es considerada uno de los líderes mundiales en procedimientos de congelación de óvulos y reproducción asistida. En el país funcionan numerosas clínicas especializadas, y los médicos españoles participan frecuentemente en investigaciones internacionales en el campo de la medicina reproductiva. Aun así, el acceso a estos servicios sigue siendo desigual y el apoyo estatal a las familias con hijos es uno de los más bajos de Europa.












