
La situación en torno al monasterio de Belorado se ha convertido en uno de los temas más debatidos en España. La decisión de la comunidad religiosa de abandonar el edificio antes de la fecha oficial de desalojo responde al deseo de evitar un escándalo público y mantener su dignidad. Para muchos españoles, este caso ejemplifica lo rápido que pueden cambiar los destinos de grupos cerrados cuando intervienen decisiones judiciales y conflictos internos.
Las monjas ya han comenzado a empacar y retirar sus pertenencias del monasterio, sin esperar al 12 de marzo, fecha fijada por el tribunal para abandonar el edificio. Según El Confidencial, los abogados de la comunidad religiosa, incluidos Florentino Aláez y Enrique García de Viedma, se encargarán de entregar las llaves y completar los trámites formales de la salida. Sin embargo, las propias monjas planean marcharse antes para evitar a los periodistas y no convertirse en el centro de atención de las cámaras, que ya hacen guardia frente a las puertas del convento.
La búsqueda de un nuevo refugio
Por ahora, la cuestión del nuevo alojamiento sigue sin resolverse. Según el portavoz de la comunidad, Francisco Canals, las monjas barajan varias opciones en Galicia y Asturias, aunque ninguna está confirmada. El mayor reto es trasladar no solo sus objetos personales, sino también los animales que cuidan. En los últimos días, antes de que el tribunal les negara prorrogar el desalojo, las monjas lanzaron la campaña «Queremos un convento» para encontrar un nuevo hogar. La iniciativa recibió respuestas en todo el país: llegaron unas 40 propuestas, pero pocas resultaron viables.
Mientras no se encuentra un lugar permanente, parte de los bienes se alojan temporalmente en casas de familiares. El siguiente paso será trasladarse al monasterio de Orduña, donde las monjas podrán quedarse unos días. Sin embargo, esta también es una medida provisional: el edificio de Orduña está igualmente afectado por una orden judicial de desalojo, aunque aún no se ha fijado fecha. Algunas de las ex hermanas podrían hospedarse temporalmente con sus familias para no revivir la experiencia traumática del desalojo.
Los últimos días en el monasterio
Dentro del monasterio se lleva a cabo una limpieza intensiva y el embalaje de pertenencias. Según Francisco Canals, las monjas casi no descansan para dejar el edificio en perfectas condiciones. Buscan evitar una nueva ola de críticas, como ya ocurrió en el pasado. Tienen previsto celebrar una misa de despedida, que simbolizará el cierre de su etapa en Belorado. La ceremonia será privada, sin presencia de externos, para preservar la intimidad y evitar atención innecesaria.
La decisión de irse antes de la fecha oficial responde no solo al deseo de evitar la exposición pública, sino también al intento de mantener la dignidad. Según russpain.com, este tipo de casos en España son cada vez más frecuentes: las comunidades religiosas se ven obligadas a abandonar edificios históricos por disputas judiciales o dificultades económicas. En los últimos años, situaciones similares han ocurrido en distintas regiones del país, donde monasterios e iglesias han cambiado de manos o cerrado por falta de recursos para su mantenimiento.
Recordando eventos recientes, cabe señalar que en 2025 varios monasterios en Castilla y León también se vieron obligados a cerrar tras decisiones judiciales. En Galicia y Asturias, las comunidades religiosas enfrentaron problemas similares: buscar vivienda nueva, dispersarse por distintas ciudades, alojarse temporalmente con familiares. Estas historias demuestran que ni siquiera las instituciones tradicionales están libres de cambios y que el destino de los colectivos religiosos suele depender de circunstancias externas y fallos judiciales.












