
En los últimos años, Murcia ha transformado su enfoque hacia el desarrollo turístico. Las autoridades y los habitantes de las zonas interiores de la región han apostado por los recursos naturales para atraer la atención a los territorios menos poblados. La floración de los cultivos agrícolas se ha convertido no solo en un espectáculo visual, sino también en una herramienta para dinamizar la economía, preservar las tradiciones y apoyar a la población local. Esta estrategia ya ha dado resultados concretos: el flujo de visitantes ha aumentado y el interés por el interior de Murcia está en alza.
La agricultura ocupa un lugar fundamental en la economía regional, aportando una parte importante de los ingresos. Sin embargo, en los últimos años ha quedado claro que los métodos tradicionales por sí solos no garantizan un desarrollo sostenible. En respuesta, municipios como Cieza, Mula, Moratalla y las ciudades del Valle de Ricote han empezado a utilizar la floración estacional como motivo para crear nuevas rutas turísticas y eventos. Según informa El Pais, esta iniciativa no solo ha atraído visitantes, sino que también ha ayudado a preservar el patrimonio cultural y a revitalizar las comunidades locales.
Nuevas rutas
En 2025, Murcia registró un aumento del turismo interno de un tercio en comparación con el año anterior. Este salto se debe al lanzamiento de un programa especial que unifica las cuatro principales floraciones: almendros, frutales de hueso, cítricos y plantas aromáticas. Para los viajeros se creó el “pasaporte de la floración”, una especie de diario que se puede completar al visitar diferentes ciudades de la región. La idea ganó popularidad rápidamente y la cantidad de personas que quisieron admirar los campos en flor superó las expectativas de los organizadores.
En Cieza, donde se cultivan melocotones, nectarinas, ciruelas y albaricoques, llevan más de diez años utilizando la floración de los huertos como atractivo turístico. El año pasado, unas 60 mil personas visitaron la zona solo durante la floración, una cifra que casi duplica la población local. Se organizan rutas a pie, talleres gastronómicos, actividades en familia y propuestas creativas para los visitantes. Todo esto ayuda a distribuir el flujo de turistas y garantiza una visita cómoda para todos.
Economía y transformación
Mula, la ciudad vecina, tampoco quiso quedarse atrás. Aquí se encuentra la mayor superficie de almendros de toda España, con unas 21 mil hectáreas. La floración empieza en febrero, cuando los campos se cubren con un manto blanco y rosa. Desde 2023, Mula celebra el festival MulaFlor, que en un mes atrae hasta 50 mil visitantes. Los agricultores locales aprovechan este interés para explorar nuevas actividades: abren casas rurales para turistas, organizan excursiones y degustaciones. Así surgió una fuente extra de ingresos y una manera de dar visibilidad al trabajo en el campo.
En Moratalla, tradicionalmente dedicada al cultivo de plantas aromáticas, en 2024 pusieron el foco en los campos de lavanda. El verano se anima con el festival Lalavand, que mezcla eventos culturales y musicales. Unas 4 mil personas visitaron el municipio en el último año, y las actividades se extienden hasta noviembre. Este enfoque evita las aglomeraciones y mantiene el interés por la zona durante todo el año. Gracias a ello se han rehabilitado casas abandonadas, abierto nuevos negocios y preservado empleos.
Impacto en las pequeñas poblaciones
En el valle de Ricote, donde se encuentran cuatro pequeñas localidades — Ojós, Ulea, Ricote y Villanueva del Río Segura — se han unido por primera vez para participar en la ruta de las floraciones. Aquí apuestan por los cítricos, especialmente los limones. En primavera se organizan talleres de cocina, elaboración de aceites esenciales y jabones, así como visitas guiadas y actividades culturales. Esta iniciativa ha impulsado la recuperación de edificios históricos y el patrimonio artístico, que ahora se están restaurando en cada uno de los pueblos.
Muchos habitantes locales destacan que la llegada de turistas favorece no solo a la economía, sino también a la vida social. Se abren nuevos cafés, tiendas y se generan puestos de trabajo. En algunos casos, incluso se ha logrado detener el despoblamiento e impulsar la rehabilitación de antiguas viviendas abandonadas. Según información de El País, proyectos como este sirven de ejemplo para otras regiones del país, donde también buscan fórmulas para revitalizar las zonas rurales.
En los últimos años, en España ha crecido el interés por el agroturismo y las rutas ecológicas. En distintas regiones surgen nuevos festivales dedicados a la floración de almendros, cerezos o lavanda. Por ejemplo, en Andalucía y Cataluña estos eventos reúnen cada año a miles de visitantes. En 2024, Valencia registró un récord de afluencia de turistas a los campos de naranjos en flor. Estas iniciativas no solo apoyan la economía local, sino que también contribuyen a conservar paisajes y tradiciones únicos.












