
En la residencia internado madrileña de San Ildefonso se respira desde hace meses una atmósfera especial. Aquí, 28 chicos y chicas de entre 10 y 14 años se preparan desde el otoño para uno de los eventos más esperados del año: el sorteo de la Lotería de Navidad. Cada uno sueña con subir al escenario del Teatro Real el 22 de diciembre y entonar su parte sin cometer ni un solo error.
Los ensayos se realizan varias veces por semana. Los niños aprenden no solo a pronunciar y cantar correctamente los números, sino también a trabajar en pareja y sincronizarse entre sí para que todo se vea coordinado y profesional. Para muchos no es la primera vez: entre los participantes hay quienes ya han pisado el escenario en otras ocasiones y también debutantes para quienes todo es completamente nuevo.
Primeras emociones
Ángel, de doce años, participa en el sorteo por cuarta vez. Reconoce que siempre siente nervios, pero que con los años la experiencia resulta más emocionante. Según cuenta, lo más importante es no temer equivocarse y disfrutar del momento. Un año tuvo el honor de anunciar el premio mayor, ‘El Gordo’, y asegura que nunca olvidará ese instante.
Aurora, de diez años, se prepara para su segunda participación. Cuenta que el año pasado estaba muy nerviosa, pero ahora ya sabe cómo controlar los nervios: si se pierde durante la interpretación de un número, basta con hacer una pausa, respirar hondo y volver a intentarlo. Una vez, incluso se le cayó una bola con el número, pero no se dejó llevar por los nervios y continuó cantando como si nada hubiese pasado.
Secretos de la preparación
Los profesores y educadores desempeñan un papel fundamental en la preparación. No solo enseñan a los niños a cantar bien y recitar los números, sino que también les ayudan a controlar sus emociones. Según una de las educadoras, Arancha Martínez, lo más difícil es mantener el ritmo y no perderse, ya que todo el proceso no debe durar más de 20 minutos. Además, los niños aprenden a mantener una buena postura y a cuidar su voz para no forzarla en el momento más importante.
Este año participan 16 niñas y 12 niños, muchos de ellos representantes de diferentes países y culturas. Todos pasaron por una selección especial: primero, los profesores evaluaban cómo sonaba la voz de cada uno y luego formaban las parejas para las actuaciones. Aquellos que no cantan ayudan a sacar las bolas con los números y los premios.
Nervios y apoyo
La víspera del sorteo, los niños están especialmente nerviosos. Muchos reconocen que duermen mal la noche anterior, ya que no solo los verán los asistentes al evento, sino millones de personas en todo el país. Para los niños es importante no solo cantar bien, sino también no defraudar a sus amigos y profesores.
Los educadores tratan de animar a los niños, explicándoles que cometer errores es normal y que lo principal es no perder la calma. Si no logran cantar el premio mayor, no es motivo para desanimarse. Lo más importante es formar parte de este acontecimiento único y disfrutar de la experiencia.
Tradición y nuevos rostros
Cada año, en San Ildefonso aparecen nuevos participantes que quieren probar suerte en la lotería. Para muchos, esto supone todo un reto, ya que no solo deben memorizar el texto, sino también aprender a trabajar en equipo, escuchar a sus compañeros y reaccionar rápidamente ante cualquier imprevisto.
Los ensayos se realizan de forma lúdica para que los niños no se cansen ni pierdan el interés. Los educadores idean distintos ejercicios para desarrollar la memoria, el oído y el sentido del ritmo. Se presta especial atención a que cada niño se sienta seguro y sepa que recibirá apoyo en cualquier situación.
Si no lo sabías, la residencia-internado de San Ildefonso es el centro educativo más antiguo de Madrid, fundado en el siglo XVI. Sus alumnos son los que tradicionalmente anuncian los números y premios de la lotería de Navidad, una de las tradiciones más reconocibles de España. A lo largo de los años, cientos de niños han subido al escenario, haciendo de este evento una parte importante de sus vidas. Muchos de ellos recuerdan con cariño su participación y se sienten orgullosos de haber formado parte de esta historia única.











