
El conflicto está en el centro de la escena política europea: el Parlamento Europeo exige que España finalmente apruebe la reforma de la ley electoral de la UE. Esta reforma, bloqueada desde 2018, establece un umbral mínimo de votos para obtener escaño en el Parlamento Europeo. Si Madrid cede, los partidos nacionalistas y minoritarios corren el riesgo de perder sus escaños en Bruselas. España sigue siendo el último país que no ha dado luz verde al nuevo sistema, creando así un notable desequilibrio en la representación europea.
No se trata solo de burocracia. Tras bambalinas, hay pactos políticos y cálculos estratégicos. La negativa de España a ratificar la reforma está vinculada directamente a los acuerdos entre los socialistas y los nacionalistas vascos. Mientras Madrid gana tiempo, nacionalistas y grupos independientes siguen obteniendo más escaños de los que les corresponderían según las nuevas normas. Esto genera malestar entre sus colegas europeos, que consideran la situación injusta e incluso peligrosa para la unidad de la UE.
Negociación política
En Estrasburgo, los eurodiputados no ocultan su descontento: España retrasa deliberadamente el proceso para mantener el apoyo de sus aliados regionales. En julio de 2025, el Parlamento Europeo acusó oficialmente al gobierno de Sánchez de impedir la entrada en vigor de las normas europeas comunes. En un informe aprobado por abrumadora mayoría, se habla abiertamente de la «voluntad política» de Madrid para proteger los intereses de los nacionalistas.
La esencia de la reforma es sencilla: para obtener un escaño en el Parlamento Europeo, un partido debe conseguir entre el 2% y el 5% de los votos. En España, esta norma afectaría a varios partidos, desde los vascos y catalanes hasta los nuevos movimientos de izquierda. En las últimas elecciones de 2024, por ejemplo, la coalición CEUS, en la que participaba el PNV, obtuvo un escaño con solo el 1,63% de los votos. Con los nuevos criterios, ese resultado no les habría dado ningún representante.
Contexto europeo
La reforma solo afecta a los países con grandes circunscripciones electorales: Alemania, Francia, Italia, España y Polonia. Sin embargo, solo Madrid no ha cumplido aún con su parte de los compromisos. En Alemania, a pesar de las disputas sobre la constitucionalidad, las nuevas normas ya están en vigor. Francia lleva mucho tiempo aplicando la barrera del cinco por ciento. Italia y Polonia, formalmente, no están sujetas a la reforma, ya que dividen el país en distritos más pequeños.
En Bruselas no lo ocultan: la demora de España dificulta el funcionamiento de todo el sistema. Hasta que Madrid no ratifique el documento, la reforma no podrá entrar en vigor para todos. Esto genera no solo una dificultad jurídica, sino también política. Los partidos europeos no pueden planificar sus campañas y los votantes en diferentes países quedan en condiciones desiguales.
Acuerdos internos
Las razones de la resistencia española son evidentes. En noviembre de 2023, socialistas y nacionalistas vascos firmaron un acuerdo: no habrá cambios en la ley electoral sin el consentimiento del PNV. Esta cláusula fue clave para la formación del nuevo gobierno. Formalmente, basta con la decisión del Consejo de Ministros para ratificar la reforma. Sin embargo, el coste político de este paso es demasiado alto para Sánchez.
Este asunto genera divisiones dentro del país. Algunos consideran que España debe ajustarse a las normas europeas, mientras que otros temen la pérdida de influencia de los partidos regionales. Como resultado, Madrid se encuentra atrapado entre sus propias promesas y los compromisos europeos. Mientras unos exigen reglas iguales para todos, otros defienden sus posiciones políticas a cualquier precio.
El dilema democrático
La situación roza ya lo absurdo. El Parlamento Europeo señala que, por la posición española, en Bruselas terminan diputados respaldados solo por una mínima fracción del electorado europeo. Esto mina la confianza en el propio principio de representación. El informe menciona abiertamente una “distorsión democrática” y la necesidad urgente de corregir la situación.
Al mismo tiempo, en Madrid no tienen prisa por hacer concesiones. Para el gobierno de Sánchez, la cuestión no es solo cumplir con los estándares europeos, sino también garantizar la supervivencia de su propia coalición. Cualquier paso hacia la reforma puede suponer la pérdida del apoyo nacionalista e incluso derivar en una crisis política.
Una prueba para Madrid
En mayo de 2025, una delegación del Parlamento Europeo visitó Madrid para investigar las causas del retraso. Tras reunirse con funcionarios y expertos, los diputados quedaron sorprendidos: el gobierno español protege deliberadamente los intereses de los partidos regionales, a pesar de la presión de Bruselas. En la UE sostienen que solo unas normas unificadas pueden garantizar la transparencia y la equidad en las elecciones.
Mientras España siga siendo el único país que bloquea la reforma, el sistema electoral europeo continúa funcionando bajo esquemas antiguos. La pregunta de qué es más importante para Madrid —la solidaridad europea o los pactos políticos internos— sigue sin respuesta. Esta elección puede salirle cara no solo a España, sino a toda la Unión Europea.












