
A principios de enero de 2026, la residencia del presidente del Gobierno español, La Moncloa, acogerá una reunión que ya se perfila como una de las más intrigantes de los últimos años. Pedro Sánchez ha invitado a Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), para abordar la reforma del sistema de financiación autonómica. Será su primer encuentro cara a cara desde que Junqueras fue liberado por el indulto, y el ambiente en torno a la cita está cargado de tensión.
La reunión se produce en medio de una tormenta política en Madrid. El segundo mandato de Sánchez está marcado por la pérdida de la mayoría parlamentaria, la imposibilidad de aprobar leyes clave y continuos escándalos en su propio partido. Al mismo tiempo, ERC se consolida como un socio cada vez más relevante para los socialistas, y Junqueras emerge como una figura capaz de cambiar el rumbo de toda la política española.
El nudo catalán
El eje central de las negociaciones es el nuevo mecanismo de distribución financiera entre las autonomías. Para Sánchez, obtener el respaldo de ERC es vital para sacar adelante la reforma, cuya discusión está prevista ya para enero. Junqueras, por su parte, no lo oculta: su objetivo es que Cataluña logre mayor control sobre impuestos y gasto, además del derecho a recaudar directamente el IRPF.
Sin embargo, en el camino hacia un compromiso surge otro obstáculo: el partido Junts, que se opone tajantemente al modelo propuesto. Sin sus votos en el Parlamento, la reforma está condenada al fracaso. Junqueras insta públicamente a sus compañeros del bloque catalán a respaldar los cambios, argumentando que solo así se lograrán mejoras reales para la región. No obstante, Junts insiste en que la propuesta no otorga a Cataluña una auténtica autonomía financiera ni la excluye del régimen común.
Las apuestas políticas
La situación se complica porque Sánchez se encuentra en una posición vulnerable. Su gobierno camina por la cuerda floja y cada nuevo escándalo —desde casos de corrupción hasta acusaciones de acoso— erosiona la confianza incluso dentro de su propio partido. En este contexto, cualquier pacto con ERC deja de ser solo una cuestión presupuestaria y se convierte en un asunto de supervivencia para toda la coalición.
Para Junqueras, el encuentro representa una oportunidad para afianzar a ERC como el principal aliado de los socialistas y obtener margen real para influir en el reparto de los fondos estatales. Lo deja claro: solo apoyarán los presupuestos si Cataluña recibe nuevas competencias financieras. De lo contrario, los republicanos están dispuestos a bloquear las iniciativas clave del gobierno.
Lucha interna
En Cataluña, la propia ERC juega una compleja partida a dos bandas. Además de las negociaciones con Madrid, Junqueras mantiene conversaciones paralelas con el socialista Salvador Illa sobre los detalles del presupuesto regional. Para los republicanos, no solo es importante lograr concesiones del gobierno central, sino también consolidar avances a nivel local, como ampliar la aplicación de la Ley de Comarcas a pequeñas ciudades, modernizar la infraestructura ferroviaria y renovar los sistemas de riego en Lleida.
Sin embargo, incluso si se alcanza un compromiso, su aplicación será lenta. Se espera que los cambios en la ley de financiación autonómica (LOFCA) no sean aprobados antes de marzo de 2027. Solo entonces las comunidades autónomas recibirán 17.000 millones de euros adicionales para sus propias necesidades. Pero si Sánchez opta por adelantar las elecciones, todos los acuerdos podrían desmoronarse.
El frente catalán
Mientras ERC y los socialistas buscan puntos de encuentro, Junts incrementa la presión acusando a los republicanos de ser demasiado condescendientes e incluso de “colaboracionismo”. De cara a la reunión en la Moncloa, el tono se endurece: Junts denuncia “saqueos” contra Cataluña y exige una auténtica independencia fiscal. La tensión crece dentro de la sociedad catalana y las élites políticas del territorio insisten cada vez más en la necesidad de presentar un frente común ante Madrid.
Sin embargo, Junqueras no es partidario de medidas drásticas. Prefiere los cambios graduales y una actitud pragmática, convencido de que el país no puede permanecer indefinidamente en un bloqueo político. Su estrategia se basa en pequeñas pero reales victorias, aunque no siempre respondan a las expectativas maximalistas de cierta parte del electorado.
A la espera del desenlace
En las próximas semanas se sabrá si Sánchez y Junqueras logran acordar un nuevo modelo de financiación y garantizar la estabilidad parlamentaria. Está en juego no solo el futuro del presupuesto, sino también el equilibrio de poder en Cataluña y en toda España. Si tienen éxito, podría marcar el inicio de una nueva etapa para las autonomías. Si fracasan las negociaciones, la crisis política se agravará y los sectores más radicales se verán fortalecidos.
Ahora todo el país sigue atentamente este espectáculo político, en el que las apuestas son más altas que nunca. Y parece que nadie puede prever cómo acabará esta partida.












