
La decisión del gobierno de España de desclasificar los archivos sobre el intento de golpe militar del 23 de febrero de 1981 ha generado una intensa reacción en los círculos políticos del país. Esta medida podría transformar el enfoque sobre el secreto de Estado y afecta cuestiones de confianza hacia las instituciones, ya que se trata de acontecimientos que aún hoy provocan debate y especulación entre los españoles.
El anuncio de la inminente publicación de los documentos llegó 45 años después de que un grupo armado encabezado por Antonio Tejero irrumpiera en el Congreso de los Diputados. Ahora que el Consejo de Ministros se prepara para levantar la confidencialidad de los archivos, las fuerzas políticas del país están divididas respecto a la iniciativa.
Reacción de la oposición
El principal partido opositor, el Partido Popular (Partido Popular), criticó abiertamente la iniciativa. Sus representantes opinan que el gobierno de Pedro Sánchez intenta desviar la atención pública de los problemas actuales recurriendo a cuestiones históricas. Según Esther Muñoz, este tipo de decisiones no son más que un intento de generar ruido mediático y ocultar las verdaderas dificultades que atraviesa el país.
A la crítica se sumó también el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, quien cuestionó la necesidad de volver a hechos ocurridos hace casi medio siglo. Considera que, si el gobierno tuviera verdaderos logros, no necesitaría recurrir al pasado. El líder de Vox, Santiago Abascal, calificó la desclasificación de los archivos como inoportuna y propuso centrar los esfuerzos en investigar delitos recientes en lugar de hechos del siglo pasado.
La postura de la izquierda y los nacionalistas
Entre los partidos de izquierda y los movimientos nacionalistas, la reacción fue diferente. El coordinador de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, respaldó la publicación de los documentos, pero subrayó que esto no es suficiente. Instó a una reforma integral de la Ley de Secretos Oficiales, que considera obsoleta y alejada de los estándares actuales de transparencia.
El PNV también se pronunció a favor de avanzar en la desclasificación de información y reclamó la revisión de la normativa vigente. Los representantes del partido entienden que el Gobierno debe mostrar voluntad política y abrir el acceso a más archivos, acercando así la legislación española a los estándares europeos.
Podemos y su portavoz Pablo Fernández opinan que este paso resulta insuficiente. Exigen acortar los plazos de secreto y establecer procedimientos más transparentes. Por su parte, ERC, a través de Gabriel Rufián, insiste en la publicación no solo de documentos generales, sino también de datos concretos sobre llamadas y archivos relacionados con los hechos del 23 de febrero.
Exigencias de transparencia
EH Bildu apoyó la iniciativa, pero pidió no limitarse únicamente a los archivos del 23-F. Consideran necesario desclasificar también otros casos que continúan ocultos, incluidas tragedias en el País Vasco y otros sucesos relevantes. Los representantes de la formación están convencidos de que solo la voluntad política puede desbloquear la situación y ofrecer respuestas a cuestiones que preocupan a la sociedad desde hace años.
Desde el partido gobernante PSOE se ha declarado que este paso es fundamental para la democracia. Voceros del partido señalaron que la apertura de los archivos inevitablemente genera polémica, pero decisiones como esta contribuyen a depurar el sistema político y a fortalecer la confianza ciudadana.
Contexto y consecuencias
El debate sobre la confidencialidad y el acceso a los archivos está estrechamente ligado a otros escándalos políticos de los últimos años. Por ejemplo, recientemente en Extremadura se encendió una polémica en torno a las denuncias de corrupción y presiones electorales, asunto que fue ampliamente tratado en el reportaje sobre la lucha por el poder y los procesos judiciales en la región. Casos como estos evidencian la importancia de la transparencia y la apertura institucional ante la sociedad.
Según informa El País, la decisión de desclasificar los documentos del 23-F podría sentar un precedente para futuras reformas en la legislación sobre secretos de Estado. En los últimos años, España ha discutido en varias ocasiones la necesidad de actualizar normas obsoletas para lograr un mayor acceso a la información y reforzar la confianza en las instituciones públicas.
Al repasar otros casos de apertura de archivos estatales, cabe destacar que medidas de este tipo siempre provocan una amplia repercusión social. En 2018 se debatió la desclasificación de documentos sobre el caso GAL, y en 2023 la publicación de materiales sobre los acontecimientos en Cataluña. Cada vez, estas iniciativas dieron pie a nuevos debates sobre los límites de la transparencia y la responsabilidad de las autoridades ante la ciudadanía.












