
Por primera vez en más de cinco siglos, Galicia podría tener una rectora. Este hecho trasciende las paredes universitarias: refleja cambios en la sociedad española y pone sobre la mesa el debate sobre la igualdad y el acceso a puestos de liderazgo. En un contexto donde la mayoría de estudiantes y doctorandas son mujeres, pero los hombres aún ocupan dos tercios de las cátedras, las próximas elecciones se convierten en un símbolo de avance en la jerarquía académica.
Este jueves, la Universidade de Santiago (USC), la más antigua de la región y una de las primeras del país, celebra unas elecciones que ya son históricas. Cuatro mujeres compiten por el máximo cargo: Rosa Crujeiras, Maite Flores, María José López Couso y Alba Nogueira. Cada una es reconocida especialista en su campo, con un sólido currículum y experiencia directiva. Por primera vez en décadas, ningún hombre aspira a dirigir la universidad, lo que supone un precedente sin igual para Galicia.
El camino hacia el cambio
El trayecto de las mujeres hasta la cima del poder académico en España ha sido largo y complicado. Hace apenas 16 años, solo una mujer se atrevió a presentarse al rectorado de la USC, y entonces apenas el 12% del profesorado eran mujeres. Hoy ese porcentaje sube al 36%, pero la igualdad real sigue siendo un objetivo lejano. Las candidatas destacan que deben superar barreras adicionales: desde factores biológicos que afectan sus carreras hasta la carga de cuidar familiares mayores y la dificultad de adaptarse a un estilo masculino de competencia que suele disuadir a muchas posibles aspirantes.
Entre las candidatas figuran Rosa Crujeiras, especialista en estadística y exdirectora del centro de investigación CITMAga; Maite Flores, profesora de óptica y cofundadora de una empresa tecnológica; María José López Couso, filóloga, exdecana y también vicerrectora; y Alba Nogueira, la primera catedrática de derecho administrativo en Galicia, líder de un grupo de investigación sobre igualdad y derechos sociales. Sus trayectorias muestran cómo está cambiando el panorama de la ciencia y la educación en España.
Votación y expectativas
Más de 28.000 miembros de la comunidad universitaria están llamados a votar, la gran mayoría estudiantes. Por primera vez la votación es completamente online, lo que busca aumentar la participación y el compromiso de los jóvenes. En las últimas elecciones, cuando solo hubo una candidata a rectora, solo votó el 6% de los estudiantes, mientras que entre el profesorado la participación llegó al 77%. En esta ocasión se mantiene la incertidumbre hasta el final: los expertos prevén que la alta competencia y el formato digital pueden deparar resultados inesperados.
Dentro de la universidad destacan que el resultado de la votación es imprevisible. Cuatro candidatas fuertes, cada una con su propia propuesta y visión de futuro, hacen que la decisión sea especialmente compleja. Se espera que la nueva rectora represente no solo un símbolo de cambio, sino también una impulsora de reformas que afectarán tanto a la universidad como a todo el sistema educativo de la región.
Contexto y tendencias
En los últimos años, España está presenciando un aumento en el número de mujeres que ocupan puestos directivos en la ciencia y la educación. En otras universidades del país también se han producido cambios similares: en Barcelona y Madrid, mujeres ya han dirigido instituciones de primer nivel, lo que constituye una señal importante para todo el sistema. Sin embargo, el camino hacia la igualdad sigue siendo largo: en la mayoría de las universidades españolas, los hombres continúan dominando tanto el profesorado como los cargos de dirección. Las recientes elecciones en Santiago pueden servir de ejemplo para otras regiones, acelerando los cambios y abriendo nuevas oportunidades para las mujeres en el ámbito académico.
Paralelamente, en Europa y en el mundo crece el interés por el equilibrio de género en la educación superior. En algunos países ya se han implementado cuotas y programas específicos de apoyo a mujeres investigadoras. La experiencia española demuestra que los cambios son posibles incluso sin restricciones formales, siempre que la sociedad y el entorno académico estén dispuestos al diálogo y a las reformas. Los resultados de las elecciones en la Universidad de Santiago pueden convertirse en un punto de partida para nuevos debates sobre el futuro de la educación y el papel de la mujer en la ciencia.












