
En España se intensifica una nueva fase de un sonado escándalo que podría transformar la percepción sobre la seguridad digital y la transparencia en las fuerzas de seguridad. La decisión de un tribunal de Barcelona de abrir un proceso contra ex altos cargos de la Guardia Civil ha supuesto un giro inesperado: por primera vez, figuras tan relevantes de este organismo se ven envueltas en una investigación sobre el uso ilegal de los programas espía Pegasus y Candiru. Para la sociedad española, esto no es solo otra noticia; está en juego la confianza en las instituciones estatales y los límites de lo permitido en nombre de la seguridad nacional.
La jueza Miriam de Rosa Palacio decidió imputar a Félix Vicente Azón y a María Gámez, quienes dirigieron la Guardia Civil en distintos años. Además, quedó nuevamente bajo investigación la ex directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, cuyo nombre ya ha aparecido en varios casos de espionaje ilegal, pero que hasta ahora no había afrontado consecuencias graves debido a las restricciones derivadas del secreto de Estado.
La iniciativa de la investigación pertenece al grupo Sentinel Group, que reúne a especialistas en identidad digital y votación electrónica. Según informan, fueron objeto de vigilancia durante dos años, desde 2019, y sus dispositivos sufrieron al menos 78 ataques. El análisis realizado por expertos independientes demostró que el software malicioso permitía no solo acceder a todos los archivos y conversaciones, sino también activar cámaras y micrófonos sin que los propietarios lo supieran.
Nuevos implicados y ampliación de la investigación
Un aspecto importante de este caso es que, por primera vez, la investigación se interesó no solo por el programa Pegasus, sino también por una herramienta menos conocida pero igualmente peligrosa, Candiru. Como resultado, no solo los representantes de los cuerpos de seguridad quedaron bajo sospecha, sino también directivos de empresas desarrolladoras, incluida Saito Tech Ltd, así como filiales europeas con sede en Luxemburgo vinculadas al grupo israelí NSO Group.
Las víctimas insisten en que la persecución en su contra no fue casual, sino deliberada, y que la información obtenida mediante los programas espía acababa llegando a los medios, dañando su reputación profesional y la de sus empresas. Aunque todos los procesos penales en su contra fueron archivados, las consecuencias para su actividad profesional resultaron bastante significativas.
En el marco de la investigación, el tribunal también examina la posibilidad de que los servicios secretos españoles hayan utilizado Candiru en paralelo con Pegasus, algo que antes no se había confirmado oficialmente. Esto abre un nuevo capítulo en la historia del espionaje digital en España y pone en tela de juicio la transparencia de las instituciones estatales.
Exigencias al gobierno y solicitudes internacionales
Las víctimas y sus abogados exigen al gobierno la difusión de documentos relacionados con el uso de Pegasus y Candiru, así como la realización de peritajes independientes de sus dispositivos. Además, insisten en la cooperación internacional: se han enviado peticiones a Luxemburgo e Israel, donde se ubican las principales empresas desarrolladoras, aunque hasta ahora estas iniciativas no han arrojado resultados concretos.
Se destaca en especial que estos programas solo pueden ser adquiridos por organismos estatales, lo que subraya una vez más la magnitud y gravedad de las acusaciones. La cuestión de quién autorizó exactamente el uso de herramientas de vigilancia tan potentes sigue sin respuesta y genera amplio debate público.
El abogado de las víctimas, Xavier Muñoz, subraya que la investigación iniciada es un paso complejo, pero necesario, para reforzar los principios del estado de derecho. Uno de los denunciantes, Joan Arús, señala que el uso de software militar de espionaje contra civiles es una señal inquietante para toda la sociedad.
Contexto y repercusiones para España
Recordando acontecimientos recientes, cabe destacar que las cuestiones de transparencia y responsabilidad de las fuerzas de seguridad han sido objeto de debate en España en varias ocasiones. Por ejemplo, anteriormente en las páginas de RUSSPAIN.COM se analizó en detalle el caso en el que un juez se negó a reabrir la investigación contra María Dolores de Cospedal en el caso Villarejo, lo que generó una fuerte reacción social y puso en duda la confianza en el sistema judicial. Más información sobre cómo se desarrollaron los hechos en ese caso se puede encontrar en el material en este enlace.
Los escándalos relacionados con el uso de tecnologías de espionaje son cada vez más frecuentes no solo en España, sino también en todo el mundo. En los últimos años, se han llevado a cabo investigaciones similares en varios países europeos, donde también se han planteado cuestiones sobre la legalidad y la ética de utilizar estas herramientas contra ciudadanos. El auge del interés por el espionaje digital está relacionado con el aumento de los casos de acceso no autorizado a datos personales, lo que obliga a las autoridades a replantear los enfoques para el control de la actividad de los servicios secretos y la protección de los derechos de los ciudadanos.












