
En la sala de sesiones de Les Corts Valencianes reinaba una atmósfera tensa. Juanfran Pérez Llorca acababa de ser ratificado como presidente de la Generalitat y sus palabras captaron de inmediato la atención. Habló de cambios, de la necesidad de diálogo y de nuevas prioridades para la región. Sin embargo, pese a los numerosos anuncios, quedaba en el aire una pregunta que nadie se atrevía a expresar en voz alta.
Carlos Mazón — un nombre que, como una sombra, recorría el salón. El expresidente, quien dejó el cargo presionado por la opinión pública, no fue mencionado ni una sola vez. Pérez Llorca parecía evitar deliberadamente este tema, aunque fue Mazón quien hasta hace poco marcaba la agenda política valenciana. Su ausencia en el discurso del nuevo líder resultaba aún más notoria frente a las promesas de empezar desde cero.
Disculpas y distanciamiento
El primer gesto de Pérez Llorca fue anunciar su intención de pedir disculpas públicamente a las víctimas de la tragedia que conmocionó a la región. Este acto fue interpretado como un intento de marcar distancia respecto a su antecesor, quien nunca se reunió con los afectados ni con sus familias. Mazón, pese a los numerosos llamados, no solo no se disculpó, sino que también hizo caso omiso de las peticiones para no asistir a los actos de duelo.
Al mismo tiempo, el nuevo presidente quiso dejar claro el corte con el pasado. Las fotos en las que hasta hace poco abrazaba a Mazón son ya historia. Pérez Llorca eligió otro camino: reconocer públicamente los errores y tratar de abrir un diálogo con la sociedad. Sus palabras sobre la necesidad de pedir disculpas han sido interpretadas como una señal del inicio de una nueva era política.
El silencio sobre Mazón
Sin embargo, a pesar de todos los mensajes sobre el cambio, el nombre de Mazón no fue mencionado en el discurso del nuevo presidente. El propio exjefe regional solo apareció unos minutos en la sala, sin intercambiar ni una palabra ni un gesto con Pérez Llorca. Tras una breve presencia, abandonó la reunión sin esperar siquiera la tradicional foto de grupo con sus compañeros de partido.
En las últimas semanas, Mazón eliminó sus cuentas en redes sociales, cerró el acceso a sus perfiles personales y desapareció por completo del espacio público. Su silencio se ha convertido en otro enigma para la política valenciana. En septiembre pronunciaba largos discursos; ahora ha preferido retirarse a la sombra sin comentar los últimos acontecimientos.
Divisiones internas en el partido
En las filas del Partido Popular se aprecia un nuevo rumbo. Antiguos aliados de Mazón, como Salomé Pradas, insisten en entrevistas: lo más importante son las víctimas, no las ambiciones políticas. Pero la confianza en estas declaraciones se ve socavada por experiencias pasadas. El escepticismo crece en la sociedad: ¿es posible creer en la sinceridad del cambio si las figuras clave del pasado siguen en el Parlamento?
En las redes sociales y en las calles de Valencia continúan las discusiones. Muchos consideran que pedir disculpas no basta para una verdadera renovación. Se requiere una ruptura firme con el equipo anterior, lo que implica también romper con el propio Mazón. Mientras conserve su escaño, la cuestión de su influencia sigue abierta.
Un futuro sin el «elefante»
En los pasillos de Les Corts cada vez suena con más fuerza una idea: si Pérez Llorca realmente quiere empezar de cero, tendrá que convencer a Mazón de renunciar a su escaño. Solo así se podrá cerrar definitivamente una etapa dolorosa y recuperar la confianza pública. Por ahora, la figura del expresidente sigue siendo el «elefante en la habitación» del que nadie quiere hablar en voz alta.
Los primeros pasos del nuevo líder regional generan un cauteloso optimismo. Pero a Valencia le espera un camino difícil, y mucho dependerá de cuán decididas estén las autoridades a romper con el pasado.












