
La noche del domingo en Adamuz, provincia de Córdoba, se vio sacudida por una tragedia: un tren de alta velocidad descarriló, sumiendo en minutos la vía férrea en el caos. En la redacción hemos obtenido grabaciones de audio de las conversaciones entre el centro de control de la estación de Atocha y el personal del tren, que por primera vez permiten escuchar cómo se desarrollaron los hechos instantes después del accidente. Esas voces reflejan la confusión, el dolor y la búsqueda por comprender lo que realmente ocurrió.
Mientras los controladores intentaban contactar al maquinista, desde el otro lado de la línea contestaba la voz de una interventora, quien también había sufrido una herida en la cabeza. Informaba de la presencia de sangre e, insegura, prometía intentar llegar hasta la cabina del conductor. En ese momento, ninguno de los participantes de la conversación sabía que el maquinista ya había fallecido. La situación se complicaba porque, en paralelo, se producían otras comunicaciones —como con el maquinista de un tren Iryo, que ni siquiera sospechaba el brutal alcance de la colisión.
Pánico y confusión
En los primeros minutos tras el accidente, el personal de control de la estación de Atocha trató de averiguar qué ocurría en el lugar de los hechos. Llamaron dos veces al maquinista, pero no hubo respuesta. Finalmente establecieron contacto con la interventora, que pese a su herida intentaba evaluar la situación y dar con el conductor. En su voz se percibían dolor y desconcierto: «Tengo sangre en la cabeza. Voy a intentar llegar hasta la cabina», repetía ella, sin saber que el maquinista ya no podría responder.
Paralelamente, otro empleado se puso en contacto con el maquinista del tren Iryo, quien no se percató del momento de la colisión. Estaba convencido de que todo marchaba bien e incluso tranquilizó a su compañero: «No te preocupes, no hay nadie en las vías». Esta frase, transmitida por radio, se convirtió en símbolo de la total falta de información sobre la magnitud de la tragedia.
Segundos perdidos
En las grabaciones de audio se escucha claramente cómo empleados de distintos trenes y puestos de control hablan al mismo tiempo, sin tener una visión completa de lo que ocurre. La información no llegaba a tiempo entre los equipos y cada uno actuaba a ciegas. Solo varios minutos después quedó claro que la situación era crítica: los vagones de uno de los trenes estaban en vías opuestas y surgía el peligro de nuevas colisiones.
En ese momento, uno de los maquinistas, al darse cuenta del peligro, pide urgentemente detener el tráfico en todas las vías: «Es necesario interrumpir el movimiento de trenes en esta zona de inmediato, por favor». Su voz suena alarmada pero decidida; ahora nadie duda de que se trata de una verdadera catástrofe.
Voces de la catástrofe
Estas conversaciones no son solo información técnica. Son emociones vivas de personas en el epicentro de una tragedia. Cada palabra transmite miedo, incertidumbre y el intento de mantener la calma. La interventora, pese a su lesión, continúa cumpliendo con su deber, mientras los controladores tratan de coordinar las acciones sin tener datos precisos sobre el número de víctimas o el estado de los trenes.
Resulta especialmente impactante que, incluso varios minutos después del accidente, ninguno de los participantes en las comunicaciones comprendiera la magnitud de lo ocurrido. Solo cuando se hizo evidente que los vagones ocupaban las vías contrarias, comenzó una evacuación urgente y se procedió a bloquear la circulación. Sin embargo, estos minutos perdidos pudieron haber costado aún más vidas.
Consecuencias e interrogantes
La publicación de estas grabaciones de audio plantea serias dudas sobre la capacidad de respuesta de los servicios ferroviarios en situaciones de emergencia. ¿Por qué la información entre los trenes y los puestos de control se transmitió con tanto retraso? ¿Por qué nadie supo de la muerte del maquinista en los primeros minutos? ¿Y de qué forma se podrían haber evitado nuevos riesgos para los pasajeros?
Lo ocurrido en Adamuz es un recordatorio trágico de lo fundamental que resulta la comunicación clara y rápida en situaciones críticas. Las voces registradas no reflejan solo dolor y miedo, sino que constituyen una lección para todo el sistema ferroviario de España. Tras esta catástrofe las dudas no han hecho más que aumentar, y tanto expertos como ciudadanos buscan respuestas.












