
La situación disciplinaria en las escuelas españolas genera cada vez más preocupación. Según el último informe internacional TALIS, los docentes en España se enfrentan con mayor frecuencia que otros a ruidos, desorden y constantes interrupciones durante las clases. En comparación con otros países europeos y miembros de la OCDE, los profesores españoles se ven obligados a dedicar una parte considerable de su tiempo no a la enseñanza, sino a tratar de restablecer el orden en el aula.
Casi un tercio del profesorado de secundaria reconoce enfrentarse de manera habitual al ruido y al caos durante las clases. Esta cifra es significativamente superior a la media europea. Además, se pierde aún más tiempo solo esperando a que haya silencio y comprobando que los alumnos hayan empezado a trabajar. Como resultado, aproximadamente el 18% del tiempo lectivo se destina a mantener la disciplina, mientras que en algunos países este porcentaje es hasta dos veces menor.
Los problemas de disciplina en las escuelas se manifiestan de diversas formas: desde intimidación y ciberacoso hasta insultos verbales hacia los profesores, vandalismo e incluso casos de consumo de sustancias prohibidas. Los directores reconocen que estos incidentes son más frecuentes de lo que desearían. La situación es especialmente difícil para los profesores jóvenes, a quienes les resulta más complicado ganarse el respeto en grupos complejos. Sin embargo, en España los maestros con experiencia prefieren trabajar en centros más tranquilos, en lugar de hacerlo allí donde su conocimiento podría ser especialmente útil.
Otro problema grave es la excesiva burocracia. Los docentes en España se quejan de la enorme carga de tareas administrativas, que supera la media europea. La mayoría señala que completar documentos y corregir trabajos les exige más esfuerzo que la propia labor docente. Esto genera estrés y disminuye su motivación.
La situación se agrava por la composición de edades del personal docente. Hay pocos jóvenes entre los profesores y una parte considerable ya ha superado los 50 años. La renovación del profesorado avanza lentamente, dificultando la conexión con las nuevas generaciones de alumnos. Además, muchos docentes consideran que su formación profesional fue insuficiente y no se sienten seguros al impartir ni siquiera su materia principal.
Las autoridades del país reconocen la necesidad urgente de revisar los métodos de formación docente y reducir la carga burocrática. En breve, se prevé una reforma de la educación pedagógica y un debate sobre nuevos estándares laborales con los sindicatos. Se espera que estas medidas permitan a los profesores centrarse en lo esencial: enseñar y educar a los niños.












