
La mañana en Cantabria comenzó con noticias alarmantes: la región volvió a estar en el centro de la atención debido a un nuevo brote de incendios forestales. En una sola noche, se registraron hasta veinte focos de fuego y, al amanecer, seis de ellos seguían fuera de control. Los servicios locales movilizaron urgentemente todos sus recursos para contener la expansión de las llamas, pero las condiciones meteorológicas claramente no juegan a su favor.
La causa de esta oleada de incendios no fue solo las temperaturas extremas, que en algunas zonas superaron los 25 grados, sino también las fuertes rachas de viento del sur. El aire seco y la ausencia de lluvias han creado las condiciones ideales para la rápida propagación del fuego. El viento impulsa las llamas por laderas y valles, y los bomberos se ven obligados a cambiar de estrategia, atacando los frentes desde la retaguardia, donde el fuego es menos agresivo.
La situación es especialmente grave cerca de Puente Viesgo, donde el fuego se aproximó peligrosamente a la carretera CA-170. En la zona de Peñas de Bejes y el desfiladero de La Hermida existe riesgo de desprendimientos, mientras que en Proaño, por suerte, las llamas se alejaron de las viviendas, aunque en un principio amenazaban las afueras del municipio.
Los meteorólogos no prevén alivio: el ciclón que llevó lluvias a otras partes del norte de España esquivó Cantabria. No se esperan precipitaciones en las próximas horas, por lo que los bomberos tendrán que confiar solo en sus propios medios. En la región siguen vigentes avisos amarillos y naranjas por viento, que en algunos puntos alcanza los 110 km/h. Este clima solo aviva el fuego, impidiendo que se extinga.
El problema de los incendios provocados y el papel del ser humano
Tanto los habitantes locales como los trabajadores forestales señalan que repuntes de incendios en otoño no son algo raro. En esta época, cuando los campos todavía no han recuperado humedad tras el verano y las lluvias se hacen esperar, algunos ganaderos recurren a las quemas para limpiar pastizales. Sin embargo, con viento fuerte y altas temperaturas, estas prácticas pueden desencadenar consecuencias catastróficas, saliéndose de control y poniendo en riesgo tanto la naturaleza como la infraestructura.
Actualmente, todos los esfuerzos se concentran en contener los focos restantes. Los equipos de emergencia trabajan sin descanso para evitar que el fuego alcance zonas habitadas o vías de comunicación. Las autoridades piden calma a la población, aunque instan a estar preparados ante una posible evacuación si la situación empeora.
Por ahora se desconoce cuándo se podrá controlar la situación por completo. Bomberos y voluntarios siguen luchando contra las llamas, con la esperanza de que pronto cambien las condiciones meteorológicas y ayuden a frenar el desastre.












