
En el pequeño barrio de El Fargue, a las afueras de Granada, donde viven poco más de quinientas personas, se está gestando un conflicto serio. El motivo son los planes para instalar tres grandes plantas solares a solo dos kilómetros de la famosa Alhambra y los jardines del Generalife. Los vecinos, organizados en una plataforma ciudadana, exigen detener el proyecto por temor al futuro del entorno natural y el aspecto histórico de la ciudad.
Las plantas previstas, denominadas San Gregorio, Stadium Plus y Soto Oscuro, ocuparían cerca de 100.000 metros cuadrados entre El Fargue, el barrio del Sacromonte y el palacio de la Alhambra. El proyecto está impulsado por la empresa Bobery Lane Estate y actualmente está en proceso de aprobación tanto en el ayuntamiento como en organismos regionales. La administración municipal, dirigida por Marifrán Carazo, es responsable de conceder los permisos de construcción, mientras que el gobierno de Andalucía realiza la evaluación ambiental y las autorizaciones administrativas.
Los residentes temen que la instalación de paneles solares en las laderas implique la tala de parte de los olivares que actualmente protegen el suelo local de la erosión y las inundaciones. Consideran que sustituir la vegetación por paneles podría aumentar el riesgo de inundaciones en el valle del río Darro y alterar para siempre el paisaje habitual. Algunas fuerzas políticas locales también se han sumado a las protestas, apoyando las demandas vecinales.
Preocupa especialmente el posible impacto de los nuevos proyectos en la apariencia de la Alhambra, el monumento más visitado de España. Los impulsores del proyecto aseguran que los paneles serán casi imperceptibles, ya que se ubicarán en las laderas sur, ocultas desde los principales puntos de observación. Sin embargo, expertos y representantes de organizaciones internacionales dedicadas a la protección del patrimonio consideran que los riesgos para la herencia histórica están subestimados. El comité Icomos, vinculado a la UNESCO, ya ha expresado su preocupación y recomienda encarecidamente suspender las obras hasta que se realice una evaluación exhaustiva del impacto en el patrimonio cultural.
La historia de Andalucía ya cuenta con precedentes de polémicas similares. Hace dos décadas, en Sevilla se debatía la construcción de un rascacielos que podía alterar la panorámica del centro histórico. Ahora, una situación comparable se presenta en Granada, donde están en juego tanto la ecología como el estatus de patrimonio mundial. La cuestión sobre cómo combinar el desarrollo de energías renovables y la preservación del carácter único de la ciudad sigue sin resolverse y genera intensos debates entre residentes, políticos y expertos.












