
Alrededor de un centenar de personas —vecinos y representantes de organizaciones ecologistas— se reunieron al anochecer en el paseo del Manzanares. Todos ellos compartían una misma demanda: el apagado inmediato de la nueva iluminación instalada por el ayuntamiento a lo largo del río. Según los manifestantes, esta iniciativa no sólo resulta innecesaria para los residentes, sino que además podría perjudicar el ecosistema único de la zona.
En la protesta participaron cerca de una veintena de colectivos, incluyendo reconocidas entidades de defensa medioambiental. Sostienen que el proyecto tiene como único objetivo atraer turistas y que los intereses de los vecinos y el entorno natural han quedado relegados a un segundo plano. Los argumentos de seguridad dados por las autoridades les parecen infundados.
Litigios judiciales y tentativas frustradas para frenar el proyecto
El origen del conflicto se remonta al verano de 2024, cuando se instalaron modernos focos LED en un tramo de unos 560 metros. Poco después, ecologistas recurrieron a los tribunales basándose en el dictamen de decenas de científicos que advertían sobre posibles impactos negativos en la flora y la fauna. La suspensión temporal de la iluminación fue resultado de estos procesos judiciales, pero un mes más tarde la justicia rechazó las medidas cautelares y el consistorio recuperó la potestad de encender las luces.
Las autoridades aprovecharon esta medida en noviembre, cuando, junto con el encendido de la iluminación navideña en las calles de Madrid, también se iluminaron las orillas del Manzanares. Esto generó una nueva oleada de descontento entre los vecinos de los barrios Arganzuela y Latina, en cuyos límites se encuentra la polémica instalación.
¿Atractivo turístico o amenaza para la naturaleza?
Según el plan del Ayuntamiento, los 61 focos LED pueden cambiar de color e intensidad, creando espectáculos de luz temáticos según la época del año o las festividades. Los funcionarios aseguran que buscan así hacer el paseo más atractivo y seguro para los viandantes. Sin embargo, los vecinos insisten en que aquí no existe un problema real de seguridad, y que si se necesita iluminación adicional debe enfocarse en los caminos peatonales, no en el agua.
La presidenta de una de las asociaciones vecinales subraya que la iniciativa no se debatió con los residentes y no responde a sus intereses. Según explica, la iluminación es un proyecto meramente decorativo que no tiene en cuenta las necesidades de quienes viven cerca del río.
Riesgos medioambientales: la luz como nueva forma de contaminación
Ecologistas y biólogos advierten que la iluminación artificial altera los ritmos naturales de la vida animal y vegetal. Las aves e insectos son especialmente sensibles, ya que la oscuridad es esencial en su ciclo vital. Una exposición constante a la luz puede hacer que algunas especies abandonen sus hábitats habituales y otras se vean amenazadas.
Las investigaciones científicas confirman: la contaminación lumínica en los ríos urbanos provoca cambios en el comportamiento de los invertebrados, que intentan evitar las zonas iluminadas y se convierten en presa fácil para los depredadores. Esto puede alterar las cadenas alimentarias y afectar a todo el ecosistema.
Los vecinos no se rinden: las protestas y la lucha legal continúan
A pesar del revés judicial, los activistas no piensan rendirse. Siguen organizando movilizaciones y exigiendo a las autoridades municipales que reconsideren la decisión sobre la iluminación. Tienen previstas nuevas protestas y seguirán defendiendo sus posiciones en los tribunales.
Los vecinos insisten: no se oponen a la mejora del entorno, pero cualquier cambio debe tener en cuenta los intereses de la naturaleza y la opinión de la ciudadanía. Por ahora, la iluminación sigue siendo motivo de debate y símbolo de discordia entre las autoridades y la sociedad.












