
La red ferroviaria de España vuelve a estar en el centro de la atención tras la tragedia de Adamuz, donde la colisión de dos trenes costó la vida a decenas de personas. Las consecuencias de este accidente ya se sienten en una de las rutas más transitadas del país —entre Madrid y Barcelona—. Ahora, durante 150 kilómetros, los trenes tendrán que circular a una velocidad considerablemente reducida. Esta medida se ha tomado tras detectarse numerosos problemas en el estado de las vías, inconvenientes que antes se ignoraban o se silenciaban.
Documentos internos de la compañía ferroviaria confirman que el tramo entre Mejorada del Campo y Alhama de Aragón (del kilómetro 34,8 al 182,9) ha sido declarado problemático. Se han detectado aquí no solo defectos en los raíles, sino también zonas peligrosas en túneles y otros elementos de la infraestructura que preocupan a los maquinistas. En los últimos meses, estos han alertado en repetidas ocasiones sobre vibraciones y fallos técnicos, pero sus advertencias no recibieron la atención necesaria.
Medida forzosa
La velocidad de los trenes en este tramo ahora está limitada a 160 km/h, casi la mitad de la velocidad proyectada para los trenes modernos de alta velocidad. Para los pasajeros esto supone no solo perder tiempo, sino también una creciente desconfianza en la seguridad del transporte ferroviario. Según estimaciones preliminares, el tiempo de recorrido aumentará en aproximadamente un 40%. Para muchos, este será un golpe inesperado, especialmente frente a las promesas de desarrollar corredores de alta velocidad.
La restricción ha sido anunciada como temporal, aunque no se ha especificado cuándo será levantada. En los próximos días, especialistas realizarán una inspección adicional del estado de las vías para determinar si es posible restablecer el anterior límite de velocidad. Sin embargo, incluso si se eliminan las restricciones, persistirán las dudas sobre la calidad del mantenimiento de la infraestructura ferroviaria.
Consecuencias de la tragedia
El accidente de gran repercusión en Adamuz se convirtió en un detonante para inspecciones masivas en todo el país. Aquel fatídico día, un tren Iryo descarriló y, a continuación, un Alvia chocó contra sus vagones. Al menos 41 personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas. Las causas del desastre siguen siendo motivo de debate: el incidente ocurrió en un tramo recto de la vía y a una velocidad inferior a la permitida. Esto desató una ola de sospechas sobre el estado técnico de las líneas ferroviarias.
Maquinistas que operan en las rutas que atraviesan Adamuz habían reportado problemas con las vías varios meses antes de la tragedia. Sus quejas no solo afectaban a este tramo, sino también a otras direcciones, en particular a las líneas hacia Sevilla y Valencia. Los sindicatos de maquinistas habían advertido en repetidas ocasiones sobre vibraciones y desgaste del equipo que podían desembocar en accidentes.
La voz de los maquinistas
Los profesionales del sector ferroviario habían advertido en varias ocasiones: ignorar los problemas técnicos puede traer consecuencias graves. Durante 2025, el sindicato SEMAF envió decenas de solicitudes exigiendo reducir la velocidad en ciertos tramos donde se detectaron vibraciones peligrosas y otros defectos. Sin embargo, hasta hace poco, estas alertas no se traducían en acciones concretas.
Ahora, tras la tragedia, la situación ha cambiado. La restricción de velocidad en el tramo clave entre Madrid y Barcelona es la primera medida de gran alcance adoptada después del accidente. Pero los maquinistas insisten: si no se acometen reparaciones sistemáticas y modernizaciones en las vías, este tipo de incidentes volverán a repetirse en el futuro.
Una prueba para el sistema
Las dudas sobre el estado de la infraestructura ferroviaria en España se han acumulado durante años. Los problemas con las vibraciones, el desgaste de los rieles y las fallas técnicas se detectaron no solo en la ruta Madrid-Barcelona, sino también en las líneas que conectan las principales ciudades del país. Los pasajeros, habituados a los trenes de alta velocidad, ahora deben lidiar con retrasos e incertidumbre.
La decisión de reducir la velocidad es una medida forzada, pero subraya que la seguridad de los pasajeros debe ser la prioridad. Ya no es posible ignorar las señales de alarma. El sistema ferroviario español enfrenta un desafío serio, y la rapidez y eficacia con que se solucionen las deficiencias detectadas será clave para mantener la confianza de millones de personas.












