
La costa de Asturias ahora se puede disfrutar no solo desde miradores o playas, sino también a pie, recorriéndola de principio a fin. Un nuevo proyecto turístico ofrece una ruta completa, accesible y llena de sorpresas que une los senderos costeros en un itinerario único.
A primera vista, esto podría parecer otro catálogo de paseos veraniegos junto al mar. Sin embargo, es en otoño cuando esta iniciativa revela su verdadero encanto. Lejos del bullicio estival, la costa asturiana se transforma en un lugar más solitario y salvaje, perfecto para quienes buscan caminatas tranquilas entre acantilados, prados húmedos y pueblos silenciosos. Toda la ruta, que tiene una longitud aproximada de 89 kilómetros, está pensada para disfrutar del paisaje en su versión más serena y otoñal.
Guía abierta para paseos pausados
La ruta GR 204, conocida también como la «Gran Senda Costera de Asturias», es una de las propuestas más completas para los aficionados al senderismo en el norte de la península. Atraviesa toda la franja costera asturiana desde Barayo hasta Vegadeo, con un total de 28 etapas. Este itinerario permite descubrir el lado más salvaje y auténtico de la región: desde calas escondidas hasta villas marineras, pasando por molinos antiguos, iglesias y faros.
El carácter lineal de la ruta —es decir, sin retorno circular— permite a los viajeros explorar joyas naturales que forman parte del Paisaje Protegido de la Costa Occidental. El recorrido atraviesa lugares emblemáticos como Ortiguera, Tapia de Casariego o Castropol. Cada viajero puede personalizar su experiencia: desde una corta caminata de un día terminando en alguna villa marinera, hasta una travesía continua para los más aventureros que desean conocer la costa a otro ritmo.
Una forma de descubrir el «Paraíso Natural»
El sendero atraviesa seis municipios costeros —Navia, Coaña, El Franco, Tapia, Castropol y Vegadeo—, permitiendo al caminante sumergirse tanto en la naturaleza como en la historia de la región. Desde la playa de Barayo hasta los acantilados de Tapia, pasando por puertos como Vega y rincones como Peñarronda, la ruta combina tramos de costa agreste con otros más tranquilos junto a ríos y caminos rurales.
Entre los puntos más destacados para descansar y reponer fuerzas se encuentran Puerto de Vega, La Caridad, Tapia de Casariego, Figueras, Castropol y Vegadeo. Aquí es posible recargar energías, hacer una pausa o incluso utilizar el transporte público. La mayoría de las etapas son lineales y su longitud varía entre 14 y 32 kilómetros. Por ejemplo, el tramo Tapia–Vegadeo, de 32,6 kilómetros, atraviesa varias playas y espacios protegidos.
Las etapas no solo están pensadas para caminar, sino también para hacer paradas: visitar una capilla, almorzar en un bar portuario, acercarse a un molino o contemplar un faro entre la niebla. Cada paso forma parte de una historia que entrelaza patrimonio, gastronomía, paisaje y vida local. Este sendero costero es, en esencia, una invitación a pasear junto al mar, dejando que cada ola, cada faro y cada puerto marquen el ritmo del viaje. Una ruta que convierte cada etapa en una postal viviente del paisaje asturiano más auténtico.












