
En pleno corazón de los Pirineos aragoneses, dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, se extiende una de las rutas de senderismo más icónicas y bellas de España. Este enclave, donde la naturaleza despliega toda su fuerza y esplendor, atrae cada año a miles de viajeros ávidos de contemplar la majestuosidad de la montaña. La singularidad de este parque, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, reside en la armonía entre abruptas paredes rocosas, valles verdes, bosques densos y ríos de aguas cristalinas. Aquí hay senderos para todos, pero uno de ellos se ha convertido en una auténtica leyenda y es parada obligatoria para quien visita la zona.
La ruta principal hacia la “Cola de Caballo”
Se trata del famoso itinerario que conduce a la cascada Cola de Caballo, cuyo nombre significa precisamente “Cola de Caballo”. El sendero parte desde el prado de Pradera de Ordesa y serpentea suavemente junto al río Arazas. El recorrido total es de unos 16 kilómetros (ida y vuelta), lo que lo convierte en una opción ideal para una excursión de un día. El desnivel es moderado, entre 1330 y 1750 metros, por lo que la ruta no requiere experiencia previa en montañismo y es accesible para personas con diferentes niveles físicos, incluidas familias con niños. Este camino forma parte del emblemático GR-11, la Transpirenaica, y está perfectamente señalizado, así que es casi imposible perderse. Durante el trayecto, el frescor de los bosques de hayas y abetos envuelve al visitante, mientras el murmullo del río acompaña en todo momento, creando una atmósfera de paz y serenidad.
Cascada tras cascada en el camino hacia la meta
Uno de los mayores atractivos de esta ruta es que la cascada final no es ni de lejos el único milagro natural que te espera. En el camino hacia la «Cola de Caballo», el sendero pasa junto a varias otras caídas de agua igual de impresionantes. Los primeros en aparecer son los saltos de Arripas, seguidos por La Cueva y El Estrecho. Cada uno es único y merece detenerse un momento para sacar unas fotos. Sin embargo, la verdadera joya antes del final son las Gradas de Soaso, una serie de pequeños y pintorescos escalones de agua donde esta fluye suavemente sobre terrazas de piedra, creando un paisaje de cuento de hadas. Tras superar este tramo, el sendero se abre a un amplio valle glaciar que desemboca, al fondo, en el gran objetivo del viaje.
Alternativas para principiantes y expertos
El Parque Nacional de Ordesa ofrece numerosas rutas de senderismo para todos los gustos y niveles de experiencia. Si la excursión de 16 kilómetros te resulta demasiado larga, desde la Pradera de Ordesa puedes elegir caminos más cortos. Por ejemplo, el paseo hasta la cascada El Estrecho solo lleva aproximadamente una hora y permite disfrutar de paisajes espectaculares sin grandes esfuerzos. Para los excursionistas más experimentados y en buena forma existe un reto mayor: la «Senda de los Cazadores». Este recorrido incluye una subida empinada y prolongada hasta el mirador de Calcilarruego, que ofrece una panorámica impresionante de todo el valle. El descenso puede hacerse por el sendero Faja de Pelay, completando una ruta circular que tomará unas siete horas y exigirá un esfuerzo físico importante, pero compensa con experiencias inolvidables.
Consejos prácticos para viajeros
La mejor época para visitar esta zona es en primavera y otoño. En primavera, el río lleva más caudal tras el deshielo, mientras que en otoño los bosques de hoja caduca se tiñen de intensos colores dorados y rojizos, creando una paleta única. Es importante tener en cuenta las particularidades de acceso al inicio de la ruta. En temporada alta (verano, Semana Santa y algunos festivos), el acceso en coche privado hasta Pradera de Ordesa está restringido. Se puede llegar al parque en un autobús especial que parte del pueblo de Torla. El resto del año se permite el acceso en vehículo particular. Gracias a su fácil acceso, paisajes espectaculares e infraestructura de calidad, la ruta hacia la «Cola de Caballo» es, sin duda, una visita imprescindible en Huesca y representa la esencia de la belleza natural de los Pirineos aragoneses.












