
Una nueva avería en el tren de alta velocidad AVE entre Madrid y Barcelona vuelve a cuestionar la fiabilidad del transporte ferroviario en España. Para muchos ciudadanos que dependen de la puntualidad y rapidez, este tipo de incidentes supone no solo una fuente de frustración, sino también un problema real que altera sus planes y momentos importantes.
En esta ocasión, cientos de pasajeros quedaron atrapados durante horas, después de que el tren, que debía llegar a Barcelona a primera hora, sufriera un retraso de más de seis horas. Entre las causas: limitaciones técnicas, falta de trenes de reserva y confusión en la comunicación entre trabajadores y viajeros.
Inicio del retraso
La mañana para los pasajeros del AVE 03303 empezó con un mensaje inquietante: debido a restricciones de velocidad, su tren sería enlazado con otro servicio y saldría más tarde. La información llegó mediante un SMS estándar, donde, pese al tono amable, faltaba claridad sobre los motivos y el alcance del retraso. La estación de Atocha en Madrid recibió a los viajeros en silencio: sin anuncios, sin información actualizada en las pantallas, ni instrucciones concretas por parte del personal.
El personal de los andenes solo se encogía de hombros, explicando que el tren procedente de Barcelona aún no había llegado y nadie sabía cuándo lo haría. La tensión crecía en la sala de espera: unas cuatrocientas personas, incluidos pasajeros de otro tren, aguardaban cualquier noticia. Solo una mujer intentó obtener respuestas exigiendo hablar con la dirección, pero no consiguió aclarar la situación.
Embarque y abordaje
Cuando finalmente se anunció que ambos trenes serían unidos, se propuso a los pasajeros dividirse en dos filas según el número de la puerta. Quienes debían salir a las 11:27 ocuparon las primeras posiciones, mientras que los pasajeros del tren retrasado quedaron en la segunda. Tras la limpieza y preparación del convoy, el tren combinado partió solo a las 12:25, ya con dos horas de retraso.
Los primeros kilómetros estuvieron marcados por paradas adicionales y una reducción de velocidad. En la zona de Calatayud, el tren se detuvo inesperadamente durante diez minutos, aunque esa parada no estaba prevista. Durante ese tiempo, otro tren de alta velocidad de la empresa competidora Iryo adelantó al AVE, lo que generó molestia entre los pasajeros.
Problemas en la ruta
Durante el trayecto, los pasajeros notaron repetidamente que la velocidad del tren no superaba los 150 km/h, muy por debajo de lo habitual en este recorrido. Ante las preguntas sobre el motivo, el personal respondió que se estaban realizando tareas de verificación en las vías, motivo por el cual había limitaciones temporales. Sin embargo, nadie pudo explicar por qué no se proporcionó un tren de reserva. Uno de los empleados sugirió a los pasajeros dirigir sus preguntas al ministro de Transportes o a la dirección de Renfe.
Después de Calatayud la velocidad aumentó a los habituales 250 km/h, aunque esto fue la excepción más que la norma. Poco después, el tren volvió a detenerse en un paraje deshabitado, justo cuando en Barcelona ya empezaban importantes eventos por los que muchos habían emprendido el viaje. En ese momento llovía fuera y en el vagón reinaban el silencio y una creciente irritación.
Final del viaje
El trayecto continuó con breves paradas en Lleida-Pirineos y Camp de Tarragona, donde ni siquiera funcionaba el sistema de avisos. Los pasajeros quedaron completamente desinformados, sin recibir explicación sobre los motivos de los retrasos ni la hora estimada de llegada.
Solo un minuto antes de llegar a Barcelona, el sistema de avisos volvió a funcionar, anunciando en tres idiomas que el viaje estaba a punto de finalizar. El resultado: más de seis horas de trayecto en lugar de las habituales tres, planes arruinados y muchas dudas sobre la eficiencia del sistema ferroviario del país.
Preguntas sin respuesta
Este caso volvió a poner sobre la mesa el debate sobre el estado de los trenes de alta velocidad en España. Los pasajeros no recibieron disculpas ni explicaciones, y las promesas de velocidades de 350 km/h siguen siendo solo palabras. Para muchos, este día simbolizó cuán fácilmente se puede romper la rutina del movimiento y lo vulnerables que son incluso los sistemas de transporte más modernos.












