
En la zona industrial de Cartagena estalla un conflicto que podría convertirse en una de las disputas laborales más sonadas de los últimos años en Murcia. Los trabajadores de la planta de Sabic, dedicada a la producción de resinas de policarbonato, han anunciado una serie de huelgas y protestas. El motivo es el cierre de la línea clave Lexan 1 y el despido masivo de personal tras la venta del negocio al fondo alemán Mutares. Cientos de familias se encuentran al borde de perder su sustento y el ambiente en la fábrica está tensado al máximo.
Los empleados de Sabic acusan abiertamente a la dirección de manipular y ocultar sus verdaderos planes. Alegan que la empresa retrasa deliberadamente las negociaciones para finalizar la producción y deshacerse del personal sin ofrecer garantías sociales dignas. Los trabajadores exigen un diálogo inmediato con la oficina central en los Países Bajos y reclaman la participación de abogados independientes pagados por la empresa. De no cumplirse esto, prometen aumentar la presión y no descartan una protesta continua las 24 horas frente a la entrada de la fábrica.
Impacto industrial
El calendario de protestas está detallado por días: los paros de producción están previstos para el 30 y 31 de enero, así como el 6 y 7 de febrero. El 3 de febrero se celebrará una gran manifestación que irá desde la plaza central de la ciudad hasta el edificio del parlamento regional. Si la dirección no cede, a partir del 9 de febrero los trabajadores están dispuestos a instalar un campamento justo en las puertas de la planta. Los sindicatos y algunas fuerzas políticas de la región ya han expresado su apoyo a los manifestantes.
La visita de los altos directivos de Sabic y Mutares a Cartagena solo avivó las tensiones. La reunión con Roger Bosch, vicepresidente de termoplásticos para Europa Occidental, se desarrolló entre el ruido de silbatos, bengalas de humo y pancartas acusándolo de mentir. Los trabajadores desconfían de las promesas de mantener los empleos hasta 2026 y temen que, tras finalizar la operación, sean despedidos y la producción se traslade a Arabia Saudí.
Recortes y consecuencias
Lexan 1 no es solo una fábrica, es el motor industrial de Cartagena. Allí trabajan directamente unas 350-370 personas y miles más en empresas relacionadas. Tras la venta de Sabic al fondo alemán Mutares, el cierre de Lexan 1 se convirtió en cuestión de tiempo. La notificación oficial del cese de actividad ya ha sido remitida a la inspección laboral. Los trabajadores temen que el nuevo propietario no contemple un desarrollo a largo plazo, sino obtener beneficios rápidos reduciendo costes.
La trayectoria de Sabic en Cartagena es la historia de un declive progresivo. En 2019 el complejo contaba con cuatro fábricas y 800 empleados. Tras varias oleadas de despidos y el cierre de Lexan 2 en 2023, solo quedan dos líneas de producción y cerca de 500 trabajadores. Ahora, no solo está en juego su futuro, sino también la estabilidad económica de toda la región.
Acusaciones y exigencias
Los sindicatos y los trabajadores de Sabic no esconden su indignación. Consideran que la empresa está provocando deliberadamente el cierre para deshacerse de sus obligaciones sociales y transferir los activos a un fondo que no garantiza la conservación de los puestos de trabajo. Sus demandas son claras: negociaciones transparentes, garantías sociales y apoyo jurídico financiado por el empleador. Los empleados rechazan rotundamente el escenario en el que tendrían que trabajar uno o dos años más para luego quedarse en la calle sin compensaciones.
La situación en torno a Sabic se ha convertido en una prueba crucial para toda la industria de Murcia. Si un gran actor internacional puede deshacerse tan fácilmente de cientos de empleados, no se descarta que esquemas similares se repitan en otras empresas de la región. Los trabajadores llaman a las autoridades a intervenir y evitar que Cartagena se convierta en un desierto industrial.
Desafío económico
El cierre de Lexan 1 es un golpe no solo para los empleados, sino también para decenas de contratistas, proveedores y pequeñas empresas que dependen de la planta. Según los sindicatos, hasta 3.000 puestos de trabajo están en riesgo si se incluye a los empleos indirectos. En una región donde la industria es una de las pocas fuentes estables de ingresos, tales pérdidas pueden generar tensión social y provocar la salida de los jóvenes.
Mientras Sabic y Mutares guardan silencio, los trabajadores continúan luchando por sus derechos. Su determinación es incuestionable: si no hay diálogo, Cartagena afrontará nuevas olas de protestas y el sector industrial de la región, serias pruebas.











