
El pasado domingo se produjo una de las peores tragedias ferroviarias de los últimos años en la línea de tren cerca de Adamuz, al noreste de Córdoba. Dos trenes de alta velocidad colisionaron en un tramo que hasta ahora se consideraba completamente seguro. Según los datos preliminares, la tragedia cobró la vida de 41 personas y el número de heridos superó el centenar. En el lugar del accidente aún operan equipos de rescate y expertos, intentando reconstruir minuciosamente lo sucedido.
Las primeras horas tras el accidente estuvieron marcadas por el caos y el pánico. Los pasajeros, atrapados entre los vagones destrozados, pedían auxilio, mientras los vecinos acudían rápidamente al lugar del impacto para ayudar a los heridos. Los servicios médicos y bomberos llegaron lo antes posible, pero la magnitud de la destrucción sorprendió incluso a los rescatistas más experimentados. Las autoridades declararon inmediatamente el estado de emergencia regional y el tráfico ferroviario en el sector fue totalmente suspendido.
Los investigadores ya han identificado los puntos clave: el lugar exacto de la colisión y el punto donde el primer tren descarriló, a unos quinientos metros del accidente principal. Según los expertos, fue ahí donde comenzó la cadena de sucesos que condujo a la tragedia. Por ahora no está claro qué provocó el descarrilamiento: si fue una falla técnica, un error humano o algún otro factor. Lo que sí se sabe es que, tras ese incidente, el tren invadió la vía contraria y allí ocurrió el fatídico choque.












