
En Mataró (provincia de Barcelona) ha concluido un sonado proceso judicial relacionado con la revista satírica Mongolia. El juez del Juzgado de Instrucción nº 4 puso fin al caso, que se prolongaba desde finales de 2022. La disputa comenzó por la portada de uno de los números, en la que, en lugar del tradicional Niño Jesús en el belén navideño, aparecía un personaje animado con forma de bola marrón, con ojos, sonrisa y corona. Esta ilustración desató una oleada de indignación entre varias organizaciones conservadoras, que la consideraron una ofensa a los sentimientos religiosos.
Hazte Oír fue la última de las cuatro asociaciones que intentó lograr el castigo para la redacción. Anteriormente, Manos Limpias, Abogados Cristianos y Comunión Tradicionalista Carlista presentaron denuncias similares, pero, tras el rechazo judicial, no recurrieron la decisión. Hazte Oír, en cambio, continuó la batalla, insistiendo en que la publicación vulnera el código penal y menosprecia los valores cristianos. Sin embargo, el juez consideró que el caso ya había sido valorado anteriormente y que no existía delito.
Desde el primer momento, la redacción de Mongolia defendió que su trabajo no pretendía burlarse de los creyentes, sino que es una forma de crítica social y expresión artística. Según los editores, aunque la imagen pueda resultar provocadora, no sobrepasa los límites de la libertad de expresión y creación consagrados en la Constitución. La Fiscalía apoyó esta postura y no detectó indicios de ofensa intencionada en las acciones de la revista.
Es curioso que durante la investigación, dos de los tres editores de Mongolia fueron citados a declarar, mientras que el tercero debía comparecer en Madrid, pero el caso se archivó antes de que esto ocurriera. El tribunal señaló que, tras tres rechazos previos para abrir un proceso, no había motivo para continuar la investigación. La sentencia del 2 de octubre de 2024 se consideró definitiva, ya que los demás demandantes no la recurrieron.
Cabe destacar que la ola de demandas contra Mongolia comenzó tras los llamamientos públicos de uno de los líderes de Vox, quien instó a presentar quejas contra la revista. A pesar de la presión, los tribunales de Barcelona y Mataró concluyeron que la publicación no tenía intención de menospreciar a los creyentes, sino que utilizó la sátira para expresar una opinión sobre los dogmas religiosos. Por su parte, Mongolia anunció el lanzamiento de una campaña de recaudación de fondos para su defensa legal y presentó una demanda contra una de las organizaciones por acusación falsa.
Este caso ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre los límites de la libertad de expresión y la aceptación de la sátira en España. La decisión del tribunal podría sentar un precedente para futuros procesos relacionados con la crítica a la religión en el arte y los medios.












