
En octubre de 2024, la Comunidad Valenciana se vio en el epicentro de una de las catástrofes naturales más devastadoras de los últimos años. La inundación, que cobró la vida de 229 personas, dejó tras de sí no solo ruinas, sino también numerosas preguntas. Ahora, la atención judicial se centra en el destino de 37 residentes que estaban bajo la supervisión del servicio de teleasistencia cuando el desastre azotó la región.
La jueza de Catarroja ha decidido enfocar la investigación precisamente en estas muertes. Las acciones de las autoridades regionales y de la empresa responsable de la teleasistencia se encuentran bajo escrutinio. El proceso judicial comenzó después de que una organización ciudadana exigiera aclarar si se siguieron todos los protocolos y cómo reaccionaron los responsables en el momento crítico.
Como parte de la investigación, la jueza solicitó a la vicepresidenta del gobierno valenciano (Susana Camarero) la lista completa de las víctimas, así como la documentación del contrato con el operador de teleasistencia. Se presta especial atención a cómo se organizaron las actuaciones ante la emergencia y qué órdenes se emitieron desde la dirección antes y durante la inundación. El tribunal también quiere saber si los funcionarios contactaron con el servicio meteorológico cuando se declaró la alerta roja por las lluvias.
La información de que el 16% de todas las víctimas mortales durante la inundación habían solicitado asistencia telefónica se hizo pública tras la respuesta de la vicepresidenta a una pregunta de la oposición en el parlamento regional. Este hecho provocó una fuerte reacción social y puso en duda la eficacia de los servicios de emergencia. La tensión aumentó después de conocerse que uno de los principales funcionarios abandonó el centro de coordinación durante la crisis para asistir a una ceremonia de premiación.
La investigación sigue en marcha, y ahora la sociedad espera de las autoridades no solo explicaciones, sino también medidas concretas para evitar tragedias similares en el futuro. El juicio podría sentar un precedente para todo el país, ya que está en juego la vida de los ciudadanos más vulnerables que confiaron su seguridad al Estado.












