
El Tribunal Supremo de España ha comenzado a revisar las apelaciones del exministro de Transportes, José Luis Ábalos, y su asesor Koldo García, ambos implicados en un destacado escándalo de corrupción. Los dos permanecen en prisión preventiva, investigados por presuntamente haber recibido cuantiosos sobornos en la adjudicación de contratos estatales para la compra de mascarillas médicas durante el pico de la pandemia. El tribunal evalúa la justificación de la medida cautelar, teniendo en cuenta el declarado “alto riesgo de fuga”.
Los jueces Juan Ramón Berdugo, Antonio del Moral y Pablo Llarena están analizando los argumentos de las defensas, que solicitan la puesta en libertad de sus representados, actualmente recluidos en la prisión madrileña de Soto del Real desde finales de noviembre. Según fuentes judiciales, inicialmente Ábalos y García compartían celda, aunque después fueron ubicados por separado. Ambos no asisten personalmente a las vistas; sus intereses los defienden sus abogados. En el caso de Ábalos, su anterior letrado, Carlos Bautista, a pesar de discrepancias, sigue tramitando las gestiones legales necesarias, mientras que su nuevo abogado también participa en las audiencias.
Anteriormente, el tribunal imponía medidas cautelares más leves: prohibición de salir del país, retirada de pasaportes y obligación de presentarse ante el juez dos veces al mes. Sin embargo, según la investigación, han surgido nuevas circunstancias que apuntan a un riesgo real de fuga. Entre ellas se encuentran el juicio inminente, la posibilidad de largas penas de prisión (hasta 30 años) y la existencia de pruebas contundentes de los delitos imputados, incluido el pertenecer a una organización criminal, abuso de poder, malversación y soborno.
Dinero y contactos
La investigación destaca especialmente que los acusados tenían acceso a importantes sumas de dinero en efectivo. Según el tribunal, en los últimos años su necesidad de retirar fondos de cuentas bancarias disminuyó notablemente, lo que podría indicar otras fuentes de financiación. Esto, a juicio del tribunal, aumenta la probabilidad de que cuenten con recursos para organizar una fuga.
Otro factor de riesgo señalado son los contactos internacionales que Ábalos y García establecieron durante su etapa en el Ministerio de Transportes. Tras abandonar el ministerio, García trabajó como consultor para varias empresas dedicadas a inversiones en países de América Latina. Ábalos, por su parte, posee propiedades en la región y posiblemente esté vinculado a uno de los fondos peruanos, además de recibir transferencias periódicas de su hijo, que trabaja en el extranjero.
Según el tribunal, todas estas circunstancias hacen que la situación sea atípica y requiera un enfoque especial. La investigación sostiene que, si no se toman medidas estrictas, los acusados podrían aprovechar sus contactos y recursos para huir del país.
Argumentos de la defensa
Los abogados de Ábalos y García insisten en que el caso se basa en suposiciones y carece de pruebas tangibles. Consideran que la prisión preventiva es una medida desproporcionada y no se ajusta a la gravedad de los cargos presentados. La defensa de Ábalos sostiene que las acusaciones se fundamentan en “conjeturas infundadas” y que el exministro, al ocupar un alto cargo, no necesitaba grandes sumas en efectivo, ya que la mayoría de los gastos estaban cubiertos por el Estado.
La defensa presta especial atención al testimonio del empresario Víctor de Aldama, considerado el principal intermediario en el esquema. Según los abogados, su confesión carece de fiabilidad, ya que habría colaborado con la investigación a cambio de una reducción de condena. Además, la defensa señala que las cantidades mencionadas en el caso no están respaldadas por hallazgos concretos: durante toda la investigación, los ingresos mensuales en efectivo apenas alcanzaban una media de 500 euros.
García, por su parte, cuestiona las conclusiones de la investigación sobre el inexplicable aumento de su patrimonio. Según sus cálculos, el incremento del capital no supera los 98 mil euros, cantidad que, según sus abogados, se explica por ahorros familiares. En declaraciones recientes, la defensa de García incluso acusó al tribunal de parcialidad política y exigió medidas disciplinarias por la filtración de información, insinuando presiones sobre los jueces.
A la espera de una decisión
El tribunal debe tomar una decisión que podría ser determinante no solo para los implicados en este caso, sino también para toda la jurisprudencia sobre delitos de corrupción en España. Se preveía que las audiencias de fondo empezarían en febrero o marzo, pero el cambio de abogado de Ábalos podría retrasar el proceso.
La repercusión pública en torno al caso no disminuye: las acusaciones contra antiguos altos cargos relacionadas con la pandemia atraen especial atención por parte de los medios y de la ciudadanía en general. Sigue abierto el debate sobre hasta qué punto la investigación se está llevando a cabo de forma justa y objetiva. La defensa insiste en la motivación política del caso, mientras que la acusación argumenta la existencia de pruebas sólidas.
En breve, el Tribunal Supremo deberá dictar sentencia sobre los recursos, y este veredicto será clave para el desarrollo futuro del proceso. La sociedad española sigue de cerca la evolución de los acontecimientos, ya que está en juego no solo el destino de ciertas personas, sino también la confianza en el sistema judicial del país.












