
Hace exactamente un año, Valencia fue escenario de una de las peores catástrofes de su historia: unas inundaciones masivas que se cobraron la vida de cientos de personas. Aunque ha pasado tiempo, la investigación judicial iniciada por una jueza de Catarroja no solo no ha concluido, sino que ha cobrado todavía más impulso. El foco está puesto en la posible negligencia y los errores cometidos por los funcionarios responsables de la gestión de la crisis.
En lugar de basarse en los informes oficiales de las autoridades regionales, la jueza está reconstruyendo paso a paso el desarrollo de los acontecimientos, analizando la actuación de varios organismos públicos. Este proceso ha generado una fuerte reacción en los círculos políticos: algunos representantes y medios de comunicación han criticado duramente a la jueza, acusándola de parcialidad y de actuar con motivaciones políticas. Al mismo tiempo, quienes suelen defender la independencia del poder judicial han optado por guardar silencio.
Figuras clave y decisiones controvertidas
Recientemente, el tribunal provincial autorizó interrogar a la persona con la que el presidente de la autonomía, Carlos Mazón, almorzó en plena crisis, en vez de participar en las reuniones del gobierno. Fue precisamente en esas horas cuando el temporal alcanzó su punto máximo y el número de víctimas aumentó drásticamente. Sin embargo, desde el punto de vista legal, es sumamente difícil demostrar la responsabilidad concreta de alguien. No se trata de algún abstracto ‘fallo’ del aparato estatal: un delito así simplemente no existe. La investigación debe determinar si cada caso individual de fallecimiento fue consecuencia de una negligencia grave por parte de un funcionario específico.
El proceso judicial señala que la principal responsabilidad en la toma de decisiones recaía en la entonces consejera de Justicia e Interior, Salomé Pradas. El presidente regional solo podría enfrentar responsabilidades penales si se probara que asumió personalmente las funciones de la consejera y tomó decisiones clave.
Fallas en el sistema de alertas
A diferencia de los desastres naturales, que no se pueden evitar, las consecuencias sí podrían haberse mitigado si el sistema de alerta temprana hubiese funcionado a tiempo. Sin embargo, el aviso de emergencia llegó demasiado tarde, cuando ya muchas personas habían fallecido. Pese al nivel rojo de alerta decretado por el servicio meteorológico desde la mañana, no se explicó a la población cómo actuar: en lugar de instar a buscar zonas elevadas y seguras, simplemente se pidió a la gente no salir de casa.
Sin embargo, incluso admitiendo que el sistema de alertas funcionó de manera desastrosa, para abrir una causa penal por cada una de las 229 muertes sería necesario demostrar que la persona podría haber sobrevivido si hubiera recibido la advertencia a tiempo. La ley exige comprobar que la víctima tenía el teléfono encendido y que habría seguido las instrucciones en caso de recibirlas.
Política sin asunción de responsabilidades
Durante el último año, ningún alto cargo ha asumido la responsabilidad por la tragedia, salvo la dimisión de una asesora. Por el contrario, los rivales políticos se culpan entre sí y las causas reales y las consecuencias del desastre quedan en la sombra. Ejemplos de otros países demuestran que un sistema de alertas puede funcionar eficazmente si existe voluntad para ello.
La situación en Valencia ilustra claramente un antiguo problema de la política española: la negativa a asumir la responsabilidad política si no hay delito probado. Historias similares ya han ocurrido en la región, cuando cargos públicos continuaron su carrera pese a escándalos e incluso procesos judiciales, siempre que no hubiese una condena. Al final, si no hay sentencia condenatoria, nadie considera necesario dar explicaciones por sus decisiones.












