
Las autoridades de Valencia han decidido acudir a los tribunales contra el Gobierno central de España después de que el Ministerio de Transportes se negara a ampliar los plazos para ejecutar los proyectos financiados con fondos europeos Next Generation. Están en juego casi 20 millones de euros que la ciudad podría perder por trabas burocráticas y desacuerdos políticos.
Según el concejal de Movilidad Jesús Carbonell, la decisión del ministerio carece de base técnica y responde únicamente a motivos políticos. Asegura que otros ministerios, como el de Hacienda y el de Transición Ecológica, adoptan criterios más flexibles con proyectos similares, sobre todo tras catástrofes naturales.
Decisiones controvertidas
Carbonell señala que en la respuesta oficial del ministerio se citan artículos ajenos a los requisitos de las subvenciones europeas de 2022 y no se aporta el informe técnico en el que supuestamente se basa la negativa. Según el Ayuntamiento, esto deja a Valencia en una posición vulnerable y le impide defender sus intereses.
En 2022 la ciudad recibió casi 20 millones de euros para ejecutar 13 proyectos. De esa suma, quedan pendientes trabajos valorados en unos 3 millones de euros: la remodelación de las avenidas Pérez Galdós y Giorgeta, así como la construcción de carriles bici en las calles Gaspar Aguilar y San Vicente. En total, el 85% de los proyectos ya está completado, pero el 15% restante está en riesgo por la negativa a prorrogar los plazos.
Doble moral
La indignación del Ayuntamiento se debe a que, dentro del mismo programa, en 2022 el Ministerio ya concedió prórrogas de un año para algunos carriles bici, pero ahora rechaza una solicitud similar. Carbonell destaca que varios de estos proyectos permanecieron casi dos años estancados en los despachos de la anterior administración, lo que ha forzado la compresión de los plazos.
También rechaza que exista relación entre las subvenciones polémicas y la falta de una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) plenamente operativa en la ciudad. Según explica, estas ayudas no dependen de la existencia o no de la ZBE, y el Ayuntamiento está dispuesto a volver a estudiar este proyecto, siempre que se acuerde previamente con los socios de coalición, en particular con Vox, que anteriormente se opuso a la iniciativa.
Acusaciones políticas
La oposición no perdió la oportunidad de acusar de incompetencia al actual equipo de gobierno. La portavoz de Compromís, Papi Robles, exigió la dimisión de Carbonell y calificó la gestión de los fondos como irresponsable y peligrosa para la ciudad. Señaló que, si la situación no cambia, València no solo podría perder estos 20 millones, sino también otros 150 millones de euros vinculados a proyectos de reducción de emisiones.
La socialista Elisa Valía también responsabilizó a la alcaldesa María José Catalá, acusándola de negacionismo climático y de retrasar la reforma de la avenida Pérez Galdós. Según Valía, el intento de sustituir un proyecto enfocado en la salud ciudadana por una iniciativa para mejorar el tráfico ha provocado demoras e incluso pone en riesgo la financiación.
Desacuerdos internos
Tampoco hay consenso dentro del ayuntamiento. El proyecto alternativo para las ZBE, presentado por los grupos de la oposición Compromís y PSPV en diciembre pasado, fue rechazado por el partido gobernante. Ahora Carbonell ha anunciado que presentará un requerimiento previo al Ministerio de Transportes para intentar que se revise la decisión relacionada con los plazos.
El ayuntamiento subraya que no ha tenido acceso al informe técnico en el que se basa la negativa ministerial. A su juicio, esto vulnera los derechos de la ciudad y dificulta la defensa legal de sus intereses.
Una ciudad al límite
La disputa por los fondos europeos agrava la ya tensa relación entre las autoridades locales y el Gobierno central. Mientras unos acusan al ayuntamiento de ineficacia y obstinación, otros ven en las decisiones ministeriales una venganza política y un doble rasero. En cualquier caso, Valencia se arriesga a perder inversiones importantes y la ciudadanía podría quedarse sin las mejoras prometidas en infraestructuras.
La cuestión de quién asumirá la responsabilidad por la posible pérdida de millones de euros sigue sin resolverse. Mientras tanto, las autoridades municipales se preparan para una batalla legal y la oposición exige explicaciones públicas y un cambio en la dirección.












