
En Valencia se reavivó el debate sobre el futuro ecológico de la ciudad y la financiación de proyectos de transporte. Dos grupos de la oposición en el Ayuntamiento —Compromís y PSPV— han presentado una nueva iniciativa para crear una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) que abarcaría todo el municipio. Su objetivo no es solo reducir la contaminación, sino también evitar la pérdida de importantes fondos europeos destinados a la mejora de la movilidad.
Nueva iniciativa y motivos de su aparición
Anteriormente, los intentos de implantar la ZBE en Valencia fracasaron debido a desacuerdos entre Partido Popular (PP) y Vox. A pesar de los acuerdos alcanzados, el proyecto nunca llegó a materializarse, ya que Vox retiró su apoyo en el último momento. Como resultado, la capital regional se quedó como una de las pocas grandes urbes españolas sin este tipo de zona, lo que ha puesto en riesgo la obtención de 150 millones de euros destinados a reformas del transporte.
La oposición decidió no esperar más retrasos y preparó una versión más flexible de la normativa. El nuevo proyecto prevé introducir restricciones de manera progresiva para los vehículos sin distintivo ambiental o con estándares de emisiones bajos. Además, propone que ningún barrio de la ciudad quede fuera de la zona regulada, a diferencia de iniciativas anteriores en las que ciertas zonas, incluidas las costeras, quedaban exentas.
Cambios clave y respaldo ciudadano
Según el nuevo plan, a partir de enero de 2026 se prohibirá el acceso a la ciudad para los vehículos de categoría A (sin distintivo ambiental) registrados fuera de la provincia. Para los coches matriculados dentro de la provincia, las restricciones comenzarán en julio de ese mismo año, y para los que estén registrados directamente en Valencia, en enero de 2027. Las autoridades también prevén ofrecer subvenciones municipales para que los propietarios de vehículos antiguos puedan renovar su parque automotor.
A diferencia de las versiones anteriores, la nueva iniciativa también afecta a los vehículos con distintivo B. Para estos, las restricciones se aplicarán a partir de 2027 para los procedentes de otras provincias, y desde 2028 para quienes no residan en la propia Valencia. Por el momento, los dueños de estos coches matriculados en la ciudad no serán sancionados.
Se presta especial atención al apoyo social: se contemplan beneficios y moratorias para familias de bajos ingresos, así como un periodo de transición para las empresas. En cada barrio de la ciudad, para 2027 se crearán zonas de aparcamiento reservadas para residentes, con al menos el 55% de las plazas destinadas a ellos.
Lucha política y riesgos para la ciudad
La oposición insiste en la necesidad de aprobar urgentemente las nuevas normas para no perder las inversiones europeas que ya se han destinado a modernizar la infraestructura de transporte, incluida la remodelación de la avenida de Pérez Galdós. Además, están en riesgo futuras subvenciones para los abonos de transporte de los ciudadanos.
Al mismo tiempo, el actual gobierno municipal encabezado por María José Catalá se muestra escéptico ante la propuesta de la oposición, considerándola insuficientemente elaborada y demasiado estricta para los residentes. Según las autoridades locales, el proyecto no tiene en cuenta los intereses de todas las partes y podría generar gastos adicionales para las familias que se vean obligadas a cambiar de coche.
Próximos pasos y expectativas
En respuesta a las críticas, los grupos opositores subrayan que su iniciativa no exige un cambio inmediato de vehículos para todos, sino que prevé apoyo y la implantación gradual de las restricciones. También exigen la dimisión del responsable municipal de transporte, a quien acusan de ineficacia y de haber frustrado anteriores intentos de reforma.
De acuerdo con el reglamento, las autoridades municipales disponen de dos semanas para organizar una sesión extraordinaria en la que se debatirá la nueva iniciativa. En caso de rechazar la adopción de la ZBE, Valencia corre el riesgo no solo de empeorar la situación medioambiental, sino también de perder fondos importantes para el desarrollo de la movilidad urbana.
En las próximas semanas se verá si la oposición logra convencer a los miembros de la coalición gobernante de abstenerse en la votación y dar luz verde a un proyecto que podría transformar el futuro del transporte en la ciudad y asegurar inversiones europeas clave.











