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Vecinos de Collado Villalba organizan turnos para no quedarse sin hogar

Vecinos de Collado Villalba resisten los desalojos: descubre cómo defienden sus hogares

En Collado Villalba, más de cien personas enfrentan el riesgo de perder su vivienda. Los vecinos se unen para evitar los desalojos. Exigen alquiler social y defienden sus derechos.

En un complejo residencial de la calle Real en Collado Villalba, desde hace cinco años viven personas que han ocupado pisos vacíos. A pesar del frío, muchos ni siquiera se atreven a comprar un calefactor: el miedo a un desalojo repentino es demasiado grande. Entre los habitantes está Blanca, una colombiana de 57 años, que ya ha empezado a llevar sus pertenencias a casa de conocidos, temiendo que en cualquier momento pueda comenzar un desalojo masivo. En el mismo edificio vive su nuera Heidi con su familia. Los vecinos están convencidos: quieren dejarlos en la calle.

En el edificio, donde actualmente residen más de un centenar de personas vulnerables, la mayoría son migrantes, muchos de ellos sin documentación. Los pisos no tienen agua, pero sí electricidad y comodidades mínimas. Algunas viviendas ya fueron precintadas tras desalojos anteriores. Los vecinos se conocen bien e incluso han organizado turnos para controlar el acceso y evitar problemas con drogas o robos. Recuerdan cómo antes la policía y la guardia recorrían los pisos tras cualquier incidente en la zona.

Miedo a un nuevo desalojo

En 2022, en el edificio de al lado hubo un incendio, tras el cual todos los habitantes fueron desalojados. Desde entonces, en el bloque 13-15 reina la inquietud: temen que la situación se repita. Recientemente, un arquitecto municipal inspeccionó el edificio para preparar un informe técnico que podría ser la base para un desalojo. Los residentes están convencidos de que las autoridades actúan en interés de la propietaria del edificio, la empresa Sareb, que debe ser liquidada antes de 2027.

Marta, de 60 años, y su amiga Joaquina ya vivieron un desalojo anterior en otra vivienda de la calle Trinidad. Ni siquiera les permitieron recoger sus pertenencias y medicamentos. Marta aún lamenta haber perdido las fotos familiares que quedaron en el antiguo piso. Las autoridades explican que la causa del desalojo fue el estado ruinoso del edificio y el riesgo para la vida, detectados tras un incendio.

Argumentos de las partes y exigencias de los inquilinos

El informe del inspector enumera numerosas deficiencias: falta de cableado eléctrico, ascensores averiados, tuberías de alcantarillado dañadas, basura y ausencia de agua. Sareb sostiene que no pudo evitar el desalojo, ya que fue ordenado mediante una resolución administrativa. En el bloque de la calle Real, los vecinos temen correr la misma suerte. Recientemente, también hubo un incendio allí y ahora todos esperan el resultado de la inspección.

Los inquilinos solicitaron una evaluación independiente que concluyó que el edificio es habitable. Sin embargo, el ayuntamiento no reconoce este informe, considerándolo no fiable. Los vecinos insisten en que el bloque está en condiciones y están dispuestos a pagar por la vivienda, pero piden un alquiler social. Blanca trabaja como limpiadora y gana 900 euros al mes, Marta solo puede destinar 400 euros al alquiler. Aseguran que encontrar una vivienda digna a un precio accesible es prácticamente imposible, y muchos trabajan sin contrato, por lo que no pueden optar a un alquiler social por falta de documentación.

Negociaciones y obstáculos legales

Actualmente, 42 familias están negociando con Sareb la firma de contratos de alquiler social. La empresa solo está dispuesta a considerar las solicitudes de quienes cumplen los requisitos. Ya hay 17 familias en proceso de formalización, 25 no han presentado la documentación o no cumplen las condiciones, y 11 se encuentran en situación irregular, por lo que no pueden acceder a un contrato legal.

Antes de ser ocupado, el edificio estuvo vacío durante 12 años. La constructora quebró en 2008 y, en 2021, el inmueble pasó a manos de Sareb tras el proceso de insolvencia. Para entonces, los pisos ya estaban habitados. Actualmente, el edificio no cuenta con la licencia de primera ocupación y, oficialmente, se considera un inmueble en construcción, no una vivienda. En el futuro, se prevé cederlo a una nueva empresa pública para alquilarlo a precios asequibles.

La postura de las autoridades y el futuro de los residentes

El ayuntamiento insiste en que, sin licencia, no se puede alquilar el edificio y vivir en él es ilegal. Las autoridades responsabilizan a Sareb de la seguridad de los residentes, pero prometen intervenir si la empresa no toma medidas. Los inquilinos aseguran no haber recibido ayuda de los servicios sociales, aunque la administración afirma que nadie ha solicitado asistencia.

Sareb ha solicitado al gobierno una aclaración sobre el estatus de las personas que viven en el edificio. Si su situación se regulariza, la empresa estudiaría la posibilidad de firmar contratos de alquiler social. Por ahora, el destino de más de cien personas sigue siendo incierto y los propios residentes continúan luchando por su derecho a una vivienda digna y segura.

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