
En Madrid ha comenzado el último juicio del caso Gürtel, considerado ya como uno de los mayores escándalos de corrupción de la España contemporánea. En el banquillo de los acusados se encuentran 25 personas, de las cuales 20 han optado por no prolongar el proceso: reconocieron por escrito su culpabilidad antes del inicio de las vistas. Este paso, evidentemente, responde al deseo de obtener una posible reducción de la pena.
Entre quienes han decidido colaborar con la justicia figuran las piezas clave de la red delictiva: Francisco Correa y su antiguo adjunto Pablo Crespo, así como reconocidos asesores fiscales, empresarios e incluso socios de personas vinculadas al ex primer ministro. Los otros cinco acusados insisten en su inocencia y no aceptan los cargos presentados.
El juicio se centra en un sistema complejo de empresas ficticias y testaferros a través del cual los implicados blanqueaban grandes sumas de dinero y ocultaban ingresos a Hacienda. La investigación determinó que una parte significativa de estos fondos provenía de acuerdos con uno de los principales partidos políticos del país. Según el tribunal, sólo uno de los principales implicados llegó a recibir casi 31 millones de euros como intermediario en la distribución de contratos dudosos y posteriormente ocultó ese dinero a través de complejas maniobras financieras, incluyendo el uso de paraísos fiscales.
Esta es ya la duodécima audiencia en el caso Gürtel, y sus resultados podrían ser decisivos para todo el sistema político de España. Anteriormente, este caso ha dado lugar a decenas de sentencias, y la suma total de las condenas supera los 750 años de prisión. Además, los tribunales reconocieron que la red de corrupción llegó al núcleo de uno de los principales partidos del país, lo que provocó graves consecuencias políticas, incluida la caída del gobierno. Se espera que el veredicto final de este proceso se conozca a finales de noviembre y podría poner fin a una historia que sacudió a toda la nación.











