
Los sucesos relacionados con la tragedia de la DANA siguen generando intensos debates en la sociedad española. Los errores en la actuación de las autoridades y la falta de información a la población provocaron graves consecuencias para miles de familias. Las preguntas sobre quién debe asumir la responsabilidad por lo ocurrido siguen sin respuesta, mientras que las personas afectadas continúan reclamando justicia.
En la sesión de la comisión en Les Corts Valencianes, los representantes de las asociaciones de víctimas de la DANA volvieron a poner sobre la mesa la ineficacia del sistema de alerta y la falta de coordinación entre los distintos niveles de la administración. Según afirmaron, la tragedia afectó a más de medio millón de personas y sus consecuencias todavía se sienten en las zonas damnificadas. Los familiares de las víctimas insisten en que no buscan culpables, pero sí exigen revisar los procedimientos para evitar que algo así vuelva a ocurrir.
Críticas a la actuación de las autoridades
Generó especial indignación el hecho de que el expresidente regional Carlos Mazón (Carlos Mazón) aún no haya declarado en la causa y mantenga su inmunidad. Los representantes de los afectados consideran que esto mina la confianza en el sistema judicial. A su juicio, los responsables políticos deben responder por sus decisiones, especialmente cuando está en juego la vida y la seguridad de las personas.
El presidente de una de las asociaciones de afectados, Alejandro Carabal, subrayó que la única forma de hacer justicia para las víctimas sigue siendo una investigación honesta. También destacó que al ex presidente de la región se le asignó un nuevo cargo, lo que se percibe más como una recompensa que como un castigo. Carabal insiste en la necesidad de crear una comisión conjunta entre los diferentes niveles de la administración para desarrollar medidas más eficaces ante este tipo de catástrofes.
Problemas con la alerta
Los residentes de las zonas afectadas señalan que, la noche de la tragedia, tuvieron que proteger sus viviendas y afrontar las consecuencias del desastre por sus propios medios, sin apoyo de las autoridades. Según afirman, la ayuda llegó demasiado tarde y muchos se quedaron sin la información más básica sobre lo que estaba ocurriendo. Aunque algunos consideran que el sistema de aviso Es Alert realmente salva vidas, los mensajes deberían ser más claros y llegar con mayor antelación.
Mònica Torres, vecina de Massanassa, relató la total desorganización vivida en los primeros días tras el desastre. La gente se vio obligada a velar por la seguridad de sus viviendas porque no recibieron ayuda desde los ayuntamientos. Considera que la falta de instrucciones claras y la ausencia de apoyo agravaron la situación para muchas familias.
Dudas sobre los datos oficiales
Otro punto conflictivo son las discrepancias sobre el número oficial de fallecidos. Según la presidenta de la asociación Liberum, Concepción Cuevas, las cifras oficiales no reflejan la verdadera magnitud de la tragedia. Además, sostiene que el gobierno central debió asumir el mando de la operación y declarar el estado de emergencia para agilizar la respuesta y mejorar la coordinación entre los servicios.
Cuevas manifestó dudas sobre la efectividad del sistema de alertas, ya que no todos los vecinos recibieron mensajes en sus teléfonos móviles. Está convencida de que una comunicación oportuna habría salvado más vidas y reducido los daños.
La investigación continúa
La comisión parlamentaria sigue escuchando a representantes de asociaciones y ciudadanos que actúan en nombre de las víctimas. Han pasado ya 16 meses desde la tragedia, pero aún quedan muchas cuestiones sin resolver. La población espera no solo explicaciones, sino también acciones concretas para modificar el sistema de respuesta en emergencias.
Según informa El País, catástrofes similares ya han sucedido antes en España. En los últimos años, el país ha enfrentado intensas lluvias e inundaciones que han causado víctimas y graves daños. Tras cada evento, se debate la necesidad de reformar el sistema de alertas y mejorar la coordinación entre los servicios implicados. Sin embargo, pese a las promesas, los cambios reales avanzan lentamente y las víctimas siguen reclamando justicia y la defensa de sus derechos.











