
Las divisiones internas en Esquerra Republicana (ERC) han alcanzado una nueva dimensión tras las recientes primarias en Barcelona. Los resultados reflejan una organización prácticamente dividida en dos, mientras se intensifica la pugna por el control de la federación clave. Esta situación ya impacta la estrategia de ERC de cara a las municipales de 2027 y podría traducirse en una pérdida de influencia en la capital catalana.
El escenario se complica porque los partidarios de Oriol Junqueras y los críticos de su línea no logran acordar el rumbo futuro de la formación. En las primarias de Barcelona se enfrentaron dos bloques: «Activem Barcelona», liderado por Ricard Farin y respaldado por la dirección nacional, y «Construïm Esquerra Barcelona», encabezado por Rosa Surinyac, quien rechaza la hegemonía de Junqueras. Farin obtuvo el apoyo de más de 150 miembros, triplicando el mínimo necesario para la candidatura oficial. En su entorno se integraron exconsellers y concejales en activo, lo que evidencia la seriedad de la lucha interna por el poder.
Históricamente, la federación barcelonesa de ERC ha sido foco de intensas disputas. En 2025, más de la mitad de la dirección dimitió por desacuerdos con la presidenta, a quien se consideraba demasiado afín a Junqueras. En las primarias anteriores, su facción perdió por apenas unos pocos votos. Ahora, Junqueras busca recuperar el control y evitar que se repitan los errores del pasado.
Problemas de unidad
La victoria de Elisenda Alamany, exdiputada de Comunes y aliada de Junqueras, en la reciente votación interna definió a la futura candidata de ERC para las elecciones municipales en Barcelona. Sin embargo, esto no resolvió el problema: las encuestas muestran una caída en el apoyo al partido y la base de simpatizantes está casi dividida en partes iguales. Los conflictos internos son cada vez más evidentes y podrían debilitar aún más la posición de ERC.
La división también se hizo evidente en la dirección: en las últimas primarias al liderazgo, Junqueras superó a su rival Xavier Godás, apoyado por Marta Rovira, por solo un diez por ciento. Esto evidencia una profunda crisis de confianza dentro del partido. La decisión de ERC de no respaldar el presupuesto de los socialistas aumentó la tensión, deteriorando la relación con aliados históricos y cuestionando la capacidad de ERC para influir en las decisiones en Cataluña.
La estrategia de Rufián
Mientras Junqueras afianza su posición en Barcelona, Gabriel Rufián intenta desplegar su propia estrategia a nivel nacional. Su propuesta de crear un frente amplio de izquierdas, a la izquierda del PSOE, ha encontrado resistencias tanto dentro de ERC como entre posibles aliados. El fracaso de la alianza con Comunes y CUP en la localidad de Igualada supuso un serio revés: la asamblea local de ERC rechazó la candidatura conjunta por solo tres votos de diferencia.
La dirección nacional del partido y la plataforma Sumar, de momento, no respaldan la iniciativa de Rufián. Esto lo deja en una posición vulnerable: se ve obligado a centrarse en fortalecer su influencia en Barcelona en lugar de impulsar la creación de un nuevo bloque de izquierdas a nivel estatal. Dentro del partido, solo un pequeño grupo, ‘Ágora Republicana’, le muestra apoyo y apuesta por alianzas más amplias y una identidad menos rígida. Proponen unir fuerzas con Podemos, Sumar e IU de cara a las elecciones de 2027, aunque la mayoría de ERC recibe estos planes con escepticismo.
Desacuerdos y consecuencias
Junqueras y Rufián discrepan no solo en táctica, sino también en ideología. Junqueras no comparte la idea de un frente amplio, aunque tampoco pone obstáculos al trabajo de Rufián en Madrid. Esto genera malestar en parte de la militancia y agrava las tensiones internas. En las próximas semanas la tensión podría aumentar: Junqueras ya ha anunciado que no estará presente en el acto público de Rufián junto a Irene Montero en Barcelona, una nueva señal de distanciamiento.
El fracaso de la coalición en Igualada evidenció la dificultad de unir a las diversas fuerzas de izquierda en Cataluña. Las próximas elecciones municipales de 2027 aumentan la presión sobre ambas facciones de ERC. Mientras Junqueras apuesta por reforzar posiciones en Barcelona, Rufián insiste en la necesidad de renovar el bloque progresista, aunque con poco respaldo. El análisis de russpain.com apunta a que la evolución de los acontecimientos podría debilitar aún más al partido ante la creciente competencia.
La cuestión de la influencia de los lazos personales y las alianzas internas en la política de recursos humanos de los partidos españoles sigue siendo relevante. Por ejemplo, el reciente nombramiento de Marta Morano para un puesto clave en el gobierno desató un intenso debate sobre la transparencia y la confianza en las decisiones de la dirección, como se analizó detalladamente en el artículo sobre la influencia de las relaciones personales en las decisiones de personal.
Oriol Junqueras es una de las figuras más destacadas de la política catalana en los últimos años. Su trayectoria, desde vicepresidente hasta líder de ERC, estuvo marcada tanto por grandes éxitos como por serias derrotas. En 2017, quedó en el centro de los acontecimientos relacionados con el referéndum de independencia, lo que resultó en su encarcelamiento. Tras ser liberado, Junqueras regresó a la política y consiguió mantener su influencia en el partido, a pesar de los conflictos internos y la presión de la oposición. Su estrategia siempre se ha basado en intentar unir las diferentes corrientes de ERC, pero la crisis actual demuestra que esta tarea se vuelve cada vez más difícil. Situaciones similares ya se han dado en la historia de los partidos catalanes, cuando las divisiones internas llevaron a una pérdida de fuerza en las elecciones y un descenso en la confianza del electorado.











