
El mundo de la tauromaquia española quedó conmocionado cuando José Antonio Morante, conocido por todos como Morante de la Puebla, realizó un gesto simbólico que puso fin a su brillante carrera. Al cortarse la coleta en plena plaza madrileña de Las Ventas, anunció su retirada. Esto sucedió tras una actuación triunfal, donde el público lo sacó a hombros del ruedo después de obtener dos orejas durante la corrida de Hispanidad. Para muchos aficionados, él no era solo un matador, sino la encarnación de la pureza y el clasicismo, un verdadero símbolo nacido en La Puebla del Río, en pleno corazón de Andalucía. Su trayectoria comenzó con su debut como novillero en 1995 y, en 1997, en Burgos, tomó la alternativa, abriendo así un nuevo capítulo en la historia de la tauromaquia.
Detrás de la imagen luminosa del maestro se escondía una larga lucha interna. Durante más de veinte años, Morante enfrentó graves problemas de salud mental. Diagnosticado con un trastorno disociativo y una profunda depresión, en 2004 tuvo que abandonar la temporada y buscar tratamiento en Miami. En una de sus confesiones más recientes, admitió que a veces veía en la muerte una forma de liberarse del sufrimiento, describiendo su estado como complejo y doloroso. Su valentía al hablar abiertamente de ello fue un paso importante para desestigmatizar estos problemas en la sociedad tradicional española. Insistía en comparar la visita al psiquiatra con la del médico general o fisioterapeuta, animando a no avergonzarse por cuidar de la salud mental.
La vida personal del torero también estuvo marcada por numerosos acontecimientos. Su primer matrimonio con Cynthia Antúnez duró tres años y de él nació un hijo, José Antonio, quien, contra todo pronóstico, eligió la carrera de futbolista. En 2010, Morante encontró la felicidad familiar junto a Elizabeth Garrido. De esta unión nacieron dos hijas, María y Lola. La pareja gestiona juntos el bar «La Capilla», que se ha convertido para el matador no solo en un negocio, sino en un pilar de apoyo durante los periodos en los que se vio obligado a alejarse de los ruedos.
A lo largo de su carrera, Morante de la Puebla logró amasar una considerable fortuna. Su principal posesión es la finca «Huerta de San Antonio» en su ciudad natal. No se trata solo de una casa, sino de un complejo que incluye una plaza de toros portátil, un campo de fútbol y salones para eventos relacionados con el mundo de la tauromaquia. Además, es dueño de un lujoso chalet con piscina en primera línea de playa en Matalascañas, adquirido a la reconocida española Vicky Martín Berrocal. Demostrando también su faceta emprendedora, se asoció con su representante para organizar encierros tradicionales de toros en su localidad, consolidando así su estatus no solo como deportista, sino también como una figura influyente en la vida de la región.











