
En nuestro organismo existen órganos trabajadores que operan las 24 horas, sin descanso, permaneciendo en un segundo plano. Los riñones son algunos de estos héroes silenciosos. Limpian la sangre de toxinas de manera continua, regulan la presión arterial y mantienen el delicado equilibrio de líquidos y minerales. Pero, ¿qué ocurre cuando este filtro vital empieza a fallar? La insuficiencia renal se instala sigilosamente, y sus primeras señales son tan engañosas que fácilmente pueden atribuirse al cansancio habitual o al estrés.
En las etapas iniciales, cuando el proceso patológico recién comienza, la persona puede no notar nada fuera de lo común. Sin embargo, a medida que se acumulan sustancias nocivas en el cuerpo que los riñones ya no pueden eliminar, aparecen las primeras “alarmas”. Esto puede manifestarse como una sensación constante de agotamiento que no desaparece ni siquiera después de dormir bien, una pérdida inexplicable de apetito o dificultades para concentrarse en tareas cotidianas. A veces se suman otras señales: una leve hinchazón en los tobillos o párpados por la mañana, cambios en la frecuencia urinaria—ya sea un aumento o una disminución—o incluso alteraciones en el color o la presencia de espuma en la orina. Lo engañoso de estos síntomas es su falta de especificidad, lo que a menudo lleva a perder un tiempo precioso.
Existen grupos de personas que deben prestar especial atención a la salud de sus riñones. En primer lugar, se trata de personas mayores, así como de aquellas con antecedentes familiares de enfermedades renales. Sin embargo, los principales factores que favorecen el desarrollo de este trastorno son las enfermedades crónicas como la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. El estilo de vida también desempeña un papel importante: fumar, el exceso de peso y algunas enfermedades cardiovasculares aumentan considerablemente los riesgos. También representa un peligro el uso prolongado e incontrolado de ciertos medicamentos, en particular los antiinflamatorios no esteroideos, que pueden dañar gradualmente el tejido renal.
La diabetes mellitus y la presión arterial alta representan un doble golpe. Los niveles elevados de glucosa en sangre en la diabetes dañan con el tiempo los diminutos elementos filtrantes de los riñones —los glomérulos—, reduciendo su capacidad de purificación. Este proceso se conoce como nefropatía diabética. Por su parte, la hipertensión obliga a los vasos sanguíneos dentro de los riñones a soportar una presión excesiva de manera constante. Sus paredes se engrosan y pierden elasticidad, lo que afecta el suministro de sangre y acelera el deterioro de la función renal.
Si el problema se ignora, la enfermedad renal crónica progresa de manera constante y puede llevar a una etapa terminal. En ese punto, las únicas opciones de salvación son los procedimientos de diálisis —limpieza artificial de la sangre— o el trasplante de un órgano donante. Además, la disfunción renal desencadena una serie de complicaciones peligrosas: retención de líquidos en el organismo, desequilibrios electrolíticos, anemia, fragilidad ósea debido a alteraciones en el metabolismo del calcio y el fósforo. También aumenta significativamente el riesgo de eventos cardiovasculares graves, que constituyen la principal causa de mortalidad en estos pacientes.
Por suerte, la medicina moderna ofrece métodos eficaces para combatir la enfermedad y prevenir su aparición. El control de las causas subyacentes —la diabetes y la hipertensión— desempeña un papel fundamental. Medicamentos específicos ayudan a proteger los riñones y ralentizan el avance de la dolencia. También son cruciales los cambios en el estilo de vida: reducir el consumo de sal, abandonar hábitos dañinos, mantener un peso saludable y practicar actividad física regular. En los últimos años han surgido medicamentos innovadores que han demostrado una alta eficacia en la protección de la función renal. Están en desarrollo tecnologías de diálisis domiciliaria y métodos de trasplante, y la inteligencia artificial se emplea cada vez más para el seguimiento personalizado del estado de los pacientes, brindándoles esperanza de una vida larga y de calidad.












