
Los automóviles modernos incluyen cada vez más pantallas táctiles que reemplazan los tradicionales botones y mandos. Los fabricantes buscan crear interiores minimalistas y tecnológicos, pero detrás de esta comodidad surgen nuevas amenazas para la seguridad. El conductor debe desviar la atención de la carretera para manejar la navegación, la música o el climatizador a través de la pantalla. Esto genera preocupación entre los expertos en seguridad vial.
En 2025, un equipo de investigación de la Universidad de Washington (University of Washington) junto con el Toyota Research Institute realizó un experimento para determinar hasta qué punto las pantallas táctiles distraen a los conductores. En la prueba participaron 16 personas, quienes debían conducir un automóvil virtual en un simulador mientras usaban la pantalla táctil para diferentes tareas. Además, los participantes resolvieron ejercicios mentales que simulaban situaciones de estrés en la carretera real.
Metodología del experimento
Los organizadores registraban detalladamente cómo los conductores mantenían el coche dentro del carril, su rapidez para reaccionar ante cambios y la precisión con la que interactuaban con la pantalla. Se prestó especial atención a dónde y durante cuánto tiempo los participantes miraban mientras conducían, así como a los movimientos de las manos y otros signos físicos de concentración.
Para evaluar objetivamente la carga sobre el conductor, se seleccionaron cinco parámetros clave: estabilidad de mantenimiento de carril, velocidad de reacción, precisión al pulsar la pantalla, dirección y duración de la mirada, así como señales de comportamiento que reflejan el nivel de atención. Este enfoque integral permitió obtener una visión lo más completa posible sobre el impacto de las pantallas táctiles en el proceso de conducción.
Resultados y conclusiones
El análisis de los datos recopilados reveló que el uso de pantallas táctiles reduce notablemente la calidad del control del vehículo. Los conductores se desviaban más seguido de su carril, reaccionaban con mayor lentitud ante los cambios y cometían más errores al interactuar con la interfaz. Cuando aumentaba la carga mental, la situación empeoraba: los participantes trataban de compensar la distracción reduciendo el tiempo de mirada a la pantalla, pero esto no bastaba para mantener el mismo nivel de seguridad.
Los investigadores destacaron una peculiaridad interesante: antes de mirar la pantalla, los conductores instintivamente dirigían la mano hacia el supuesto lugar de la función deseada y solo después buscaban con la vista el icono necesario. Esto demuestra que es imposible utilizar el panel táctil completamente a ciegas: mirar la pantalla resulta imprescindible en cualquier caso. Los intentos de aumentar el tamaño de los elementos de la interfaz no mejoraron significativamente la situación.
El problema no es el tamaño
El experimento demostró que el principal peligro no reside en los botones pequeños, sino en el propio hecho de tener que apartar la vista de la carretera. Ni siquiera los controles grandes solucionan el problema: el conductor sigue teniendo que distraerse para encontrar la función necesaria. Los autores del estudio subrayan que no se trata de rechazar por completo las pantallas táctiles, pero su diseño debe replantearse priorizando la seguridad. Es fundamental destacar las funciones más demandadas y reducir al mínimo las acciones que requieren contacto visual con la pantalla.
En los próximos años, los requisitos para las interfaces de los vehículos serán más estrictos. Para 2026, Euro NCAP planea implementar nuevos estándares que también afectarán los paneles táctiles. Se espera que los fabricantes deban encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica y seguridad para reducir el riesgo de distracción al volante.
Por si no lo sabía, el Toyota Research Institute es el centro de investigación del fabricante japonés Toyota, especializado en el desarrollo de tecnologías innovadoras para el transporte del futuro. El instituto colabora activamente con universidades de prestigio mundial, incluido la Universidad de Washington, y aborda cuestiones relacionadas con inteligencia artificial, conducción autónoma y mejora de la seguridad vial. En los últimos años, la organización ha prestado especial atención al impacto de las nuevas interfaces en la conducta de los conductores y formula recomendaciones a los fabricantes de automóviles para optimizar los sistemas de control de usuario.












