
El periodo de la menopausia marca para muchas mujeres en España una etapa no solo de cambios internos, sino también de manifestaciones externas inesperadas. Justo cuando parecía que los problemas de la piel propios de la adolescencia habían quedado atrás, aparecen nuevas inflamaciones en el rostro. Este fenómeno, que causa desconcierto y obliga a replantear la rutina de cuidado, tiene una explicación científica relacionada con la profunda transformación que atraviesa el organismo.
La raíz del problema está en el desequilibrio hormonal. La disminución del nivel de estrógenos, las hormonas femeninas, provoca que los andrógenos, hormonas masculinas presentes en pequeñas cantidades en el cuerpo femenino, comiencen a ejercer una influencia más evidente. Los especialistas denominan esta etapa una especie de «pubertad inversa». La piel responde a estos cambios de manera similar a la juventud: las glándulas sebáceas aumentan su actividad, lo que favorece la aparición de grasa y obstrucción de los poros. Una característica de este tipo de acné es su localización: las erupciones suelen concentrarse en la parte inferior del rostro, especialmente en la barbilla, y pueden manifestarse como comedones subcutáneos con puntas blancas.
La situación se ve agravada por otros factores típicos de esta etapa de la vida. El estrés crónico y el aumento de los niveles de cortisol debilitan la barrera protectora de la epidermis y favorecen los procesos inflamatorios. En un intento de disimular las imperfecciones, muchas mujeres cometen el error de utilizar bases de maquillaje densas que solo obstruyen los poros. Lo mismo ocurre con las cremas antiedad demasiado nutritivas y ricas: su textura puede ser excesivamente pesada y fomentar la proliferación de bacterias.
La clave para resolver el problema es adaptar por completo la rutina de cuidado de la piel a sus nuevas necesidades. Los expertos en cosmetología recomiendan encarecidamente optar por productos con texturas ligeras y no grasas. El cuidado debe centrarse en una limpieza delicada, por ejemplo, utilizando aguas vegetales como la de rosa, manzanilla o angelica. Para el cuidado principal, conviene elegir cremas que incluyan ingredientes activos capaces de regular el equilibrio hormonal a nivel cutáneo. Entre estos ingredientes se encuentran los extractos de raíz de regaliz, espino blanco o calabaza, reconocidos por su efecto antiinflamatorio y antiandrogénico.
La aparición del acné en la edad adulta puede afectar la autoestima, ya que se suma a otros cambios físicos y emocionales. Sin embargo, los especialistas llaman a no perder la esperanza. Señalan que la vida después de la menopausia puede ser vibrante y plena. Un cuidado adecuado no solo ayudará a enfrentar los problemas de la piel, sino que también devolverá la confianza en una misma, permitiendo sentirse atractiva y saludable en esta nueva y hermosa etapa de la vida.












