
Casi todos los conductores en España han visto al menos una vez en otro coche una pegatina con la frase «Baby on board». Esta señal está ampliamente extendida en todo el mundo y sirve para advertir a otros conductores de que hay un niño pequeño en el vehículo.
A pesar de su popularidad, pocos saben de dónde proviene esta pegatina. Muchos piensan que fue creada únicamente por motivos de seguridad vial, pero su historia es mucho más singular y está relacionada con una iniciativa empresarial.
Según la organización australiana National Roads and Motorists’ Association (NRMA), las primeras pegatinas «Baby on board» aparecieron en 1984 en el estado de Massachusetts (Estados Unidos). Un agente inmobiliario, Michael Lerner, se enfrentó a un problema: transportaba a su sobrino de 18 meses y otros conductores complicaban la conducción sin tener en cuenta la presencia del pequeño pasajero.
Por esas fechas, Lerner conoció a las hermanas Bradley, quienes ya habían desarrollado una señal similar inspiradas en la experiencia europea. Al ver el potencial, Michael les compró los derechos de uso de la idea y fundó la empresa Safety 1st, que inició la producción y venta masiva de estas pegatinas.
En el primer mes tras el lanzamiento en 1984 se vendieron unas 10.000 pegatinas, y pronto la demanda alcanzó el medio millón de unidades al mes. Desde entonces, la popularidad de este distintivo no ha dejado de crecer y hoy es conocido en todo el mundo.
Existe la opinión de que la pegatina sirve para informar a los servicios de emergencia sobre la presencia de un niño en el coche, pero la policía y otros organismos oficiales desmienten esta versión. La función principal del distintivo es llamar la atención de otros conductores y motivarlos a ser más cautelosos en la carretera.
Así, la pegatina «Niño a bordo» no solo es un elemento de seguridad, sino también un ejemplo de cómo la experiencia personal y el espíritu emprendedor pueden llevar a la creación de un producto masivo con reconocimiento global.












