
En los últimos años, los fabricantes de automóviles han incorporado numerosas tecnologías en sus modelos con el objetivo de mejorar el confort y la seguridad. Una de estas innovaciones es la dirección asistida, que facilita notablemente las maniobras, especialmente a baja velocidad y durante el aparcamiento.
El sistema de asistencia de la dirección está diseñado para reducir el esfuerzo físico necesario al girar el volante. Esto resulta especialmente relevante en entornos urbanos, donde las maniobras frecuentes requieren una respuesta ágil. Existen tres tipos principales de sistemas de este tipo: hidráulico, electrohidráulico y eléctrico.
La opción hidráulica utiliza la presión de un fluido generada por una bomba para ayudar al conductor a girar las ruedas. Este sistema proporciona suavidad y una buena respuesta, aunque requiere un control regular del nivel del líquido y mantenimiento periódico. Además, consume parte de la potencia del motor y aumenta el consumo de combustible.
El diseño electrohidráulico combina componentes hidráulicos con accionamiento eléctrico. En este caso, la bomba solo funciona cuando es necesario, lo que hace que el sistema sea más eficiente. Sin embargo, la complejidad técnica aumenta los costes de reparación y mantenimiento.
El asistente eléctrico de dirección funciona gracias a sensores que detectan el ángulo y la fuerza con la que se gira el volante. El motor eléctrico responde al instante a las acciones del conductor, proporcionando el apoyo necesario. Esta opción se caracteriza por un mantenimiento mínimo y se integra fácilmente con asistentes electrónicos modernos, como los sistemas de aparcamiento automático. Sin embargo, el coste de reparación puede ser elevado en caso de averías graves.
A veces los conductores notan que el volante se ha vuelto más difícil de girar. Las causas de esto dependen del tipo de sistema instalado. En los mecanismos hidráulicos, el problema suele estar relacionado con el bajo nivel de líquido, fugas, fallo de la bomba o desgaste de la correa. En los sistemas eléctricos, pueden producirse fallos en el motor eléctrico, los sensores o los fusibles, así como defectos mecánicos en la columna de dirección o en las articulaciones.
Para solucionar la avería es importante identificar el tipo de asistente de dirección. En caso de sistemas hidráulicos o electrohidráulicos, lo primero es comprobar el nivel de líquido y la ausencia de fugas. También se inspeccionan la bomba y la correa en busca de desgaste o ruidos anómalos. Si se trata de una variante eléctrica, se debe prestar atención al estado de los fusibles, el cableado, los sensores y las conexiones mecánicas.
El mantenimiento técnico regular ayuda a prevenir averías graves. Se recomienda a los conductores inspeccionar periódicamente el sistema y sustituir las piezas desgastadas. Si el diagnóstico propio no ha dado resultado o aparecen ruidos inusuales, es mejor acudir a un centro de servicio.
En caso de falla del reforzador, es posible girar el volante manualmente; sin embargo, esto requiere un esfuerzo considerable, especialmente a baja velocidad. Esta situación no solo resulta incómoda, sino que también puede provocar un desgaste acelerado de otros componentes de la dirección.












