
El otoño en el norte de España es un momento de belleza especial, algo melancólica. Cuando la costa atlántica se envuelve en una ligera niebla y el aire se vuelve fresco y frío, apetece pasear sin prisas y disfrutar de tardes acogedoras. ¿Pero qué sucede si añadimos a este cuadro pastoral una pizca de misticismo y ritmos vibrantes? Esta es precisamente la propuesta de uno de los complejos turísticos en Laredo, situado justo frente a la bahía de Santander. Durante varios días, esta zona verde junto al mar se transforma por completo, convirtiéndose en el epicentro de uno de los eventos otoñales más destacados de la región.
Otoño cántabro con un toque de misterio
Aquí, lejos del bullicio de la ciudad, la idea de una celebración importada de ultramar adquiere un carácter completamente nuevo y auténtico. En lugar de decoraciones estándar de supermercado, es la propia naturaleza la que actúa como la mejor escenógrafa. El murmullo de las olas sirve de banda sonora natural, y las nieblas matutinas que descienden de las colinas hacia el mar crean una atmósfera misteriosa, sin necesidad de efectos especiales. Es un lugar donde realmente se puede desconectar de la rutina y sumergirse en una realidad diferente, llena de enigmas y expectativas de algo inusual. Muchos acuden aquí precisamente en busca de esa sensación de libertad, cuando el viento salado se mezcla con el aroma de los pinos y las castañas asadas.
Cuando el área de autocaravanas se convierte en escenario
El punto culminante del fin de semana es la espectacular fiesta que tiene lugar la noche del 31 de octubre. El recinto del complejo se transforma en una auténtica aldea improvisada, donde cada rincón cobra vida propia. Los asistentes, vestidos con disfraces de lo más insólitos, compiten por la originalidad de sus atuendos. La música está a cargo del DJ invitado Darwin Indahouse, cuyos sets hacen bailar hasta el amanecer. Los organizadores prometen numerosas sorpresas y una decoración temática que convertirá hasta los bungalós y las áreas de caravanas en escenarios de cuento o, incluso, en lugares espeluznantes. No es solo una discoteca, sino un espectáculo interactivo en el que cada invitado es tanto espectador como protagonista.
Diversión para todos: desde los más pequeños hasta los adultos
Se presta especial atención a los huéspedes más jóvenes. Para ellos se prepara un programa aparte y lleno de actividades, para que los niños también se lleven los recuerdos más vivos. Hay talleres creativos, donde se puede aprender a tallar calabazas o crear manualidades temáticas, y espectáculos de animación. Los niños pueden participar en juegos y concursos diseñados especialmente para su edad. Esta organización permite que los padres se relajen, sabiendo que sus hijos no solo están bajo supervisión, sino que también están entretenidos con actividades interesantes y seguras. Así, el viaje se convierte en una verdadera experiencia familiar, en la que cada uno encuentra algo a su gusto.
Calidez entre calabazas y la brisa marina
Después de un día intenso y una noche animada, resulta especialmente agradable volver a un alojamiento confortable. El complejo ofrece opciones de hospedaje para todos los gustos y presupuestos. Los huéspedes disponen de 14 bungalows totalmente equipados, con capacidad de dos a seis personas. Para quienes prefieren un contacto más cercano con la naturaleza, hay amplias parcelas con césped, sombra y conexión eléctrica. Una ventaja importante es que aquí también son bienvenidos los huéspedes con mascotas, así que puedes traer a tus amigos de cuatro patas sin problema. Por la mañana, al despertar con el sonido de las gaviotas y respirar el aire fresco del mar, es posible salir a pasear por las interminables playas de Somo y Loredo, situadas a tan solo unos cientos de metros.












