
Los Pirineos de Aragón atraen a los viajeros con sus paisajes majestuosos, ofreciendo rutas para todos los gustos: desde exigentes ascensos alpinos hasta paseos tranquilos. Entre esta variedad se esconde una auténtica joya accesible para casi todos: la ruta circular por el valle de Echo. No es solo un sendero, sino una inmersión completa en la naturaleza y la historia de la región, ideal para quienes buscan tranquilidad y belleza sin necesidad de grandes esfuerzos físicos.
El viaje comienza en la diminuta aldea pirenaica de Urdués, donde el tiempo parece haberse detenido. Desde el puente que une las dos partes del pueblo parte el bien señalizado sendero GR 15. Nada más empezar, la naturaleza te envuelve: el camino asciende suavemente siguiendo el desfiladero de Romaziete, serpenteando entre prados verdes y arboledas sombreadas. El aire está impregnado de aromas de pino y roble, y bajo los pies se extiende un cómodo sendero por el que han caminado los habitantes de la zona durante siglos.
La ruta está diseñada para ir desvelando poco a poco nuevas panorámicas ante el viajero. A medida que se gana altura, unos 170 metros en total, el paisaje va cambiando. Las zonas boscosas dan paso a laderas abiertas desde donde se disfrutan impresionantes vistas de las montañas y del valle. El punto culminante de esta subida es la llegada a la cresta que separa los desfiladeros de Romaziete y Santa Eulalia. Es aquí donde merece la pena hacer una breve parada para disfrutar de la amplitud y la tranquilidad del entorno.
Desde la cresta, el sendero se une a una carretera secundaria que desciende hacia el valle vecino. Pronto, entre la densa vegetación, aparece el objetivo de la primera parte del recorrido: la restaurada ermita de la Virgen María de Catarecha. Este lugar posee una energía muy especial. La ermita, rehabilitada por el ayuntamiento, se ha convertido no solo en un espacio religioso, sino también en un símbolo de respeto por el patrimonio local. Aquí, lejos del bullicio, es posible descansar y sentir un profundo vínculo con la historia de esta tierra.
El camino de regreso a Urdués es igual de pintoresco. Para cerrar el círculo, es necesario dejar la ruta señalizada GR 15 y continuar por el fondo de la garganta de Santa Eulalia. Aquí es imposible perderse: el sendero sigue de manera intuitiva el cauce del arroyo. El paisaje vuelve a transformarse: avanzas por un pinar sombrío donde reina una agradable frescura. Las praderas soleadas y los matorrales en las laderas crean un contraste lleno de color. En algunos tramos, el sendero se funde con el lecho pedregoso, añadiendo a la caminata un toque de pequeña aventura.
Todo el recorrido, de poco más de cinco kilómetros y medio, se realiza de forma fácil y tranquila. El tramo final desemboca en una carretera estrecha que lleva de vuelta a Urdués. Este paseo es la opción ideal para familias con niños, excursionistas principiantes o quienes simplemente desean pasar unas horas en contacto con la naturaleza, sin exigirse logros deportivos. Es la quintaesencia de la belleza del valle de Echo, al alcance de todos.












