
En España se debate una regularización masiva de migrantes, un proceso que ya genera preocupación entre los expertos. El motivo es la imposibilidad de verificar rápidamente las huellas dactilares de un gran número de solicitantes. Según estimaciones policiales, con los recursos actuales, se necesitaría al menos un año para procesar los datos biométricos de todos los que presenten documentos para la regularización. Esto significa que, incluso destinando todos los esfuerzos y recursos disponibles, el sistema no podrá hacer frente a la carga.
El problema se agrava especialmente porque en el país solo hay 240 oficinas de la Policía Nacional donde se puede realizar la toma de huellas dactilares. Incluso si se incluyen todas las oficinas de extranjería, que apenas superan las 50, la carga sobre cada departamento aumentará significativamente. Según datos de RUSSPAIN.com, aunque los agentes de policía se dediquen exclusivamente a la verificación de migrantes, dejando de investigar otros delitos, el proceso igualmente se extendería durante varios meses.
Limitaciones técnicas
En cada comisaría trabaja un operador especializado responsable de la introducción y análisis de huellas dactilares en el sistema automatizado SAIB. Este trabajo requiere precisión y toma alrededor de una hora por persona. Tras cargar los datos, el sistema genera una lista de 20 a 30 huellas similares, que deben compararse y descartarse manualmente. Este método no permite agilizar el proceso, incluso si se incrementa el número de turnos y se reducen los descansos.
En promedio, cada oficina puede procesar no más de 20 huellas dactilares al día. Sumando los esfuerzos de todas las unidades, se realizan alrededor de 3.000 verificaciones diarias en todo el país. Para revisar un millón de solicitantes se necesitaría más de un año, incluso sin tener en cuenta otras tareas policiales. Esto pone en riesgo la investigación de otros casos, ya que los recursos se reasignarían.
Riesgos para el sistema
Las dificultades en la verificación biométrica podrían llevar a que algunos migrantes obtengan la legalización sin una comprobación completa. Este escenario preocupa a los expertos en seguridad. Si el gobierno decide acelerar el proceso y flexibilizar los requisitos, podrían ingresar personas con un pasado desconocido. Como resultado, según los especialistas, España corre el riesgo de enfrentar un aumento de la delincuencia y una pérdida de confianza en las instituciones.
Además, el propio procedimiento de legalización no exige una verificación estricta de antecedentes penales: basta con presentar una declaración personal. Esto incrementa aún más los riesgos, ya que sin una comprobación rigurosa no se puede garantizar la seguridad de la sociedad. En un contexto donde el volumen de solicitudes supera la capacidad del sistema, el control pasa a ser meramente formal.
Posibles consecuencias
Si el gobierno no encuentra la manera de aumentar el número de especialistas y modernizar el equipamiento, la legalización podría convertirse en una mera formalidad. En ese escenario, según los expertos, España se enfrentaría a una disyuntiva: alargar el proceso durante años o permitir una legalización masiva sin garantías de seguridad. Ambas opciones conllevan serias consecuencias tanto para la sociedad como para el sistema de orden público.
En los últimos años, España ya se ha enfrentado a dificultades durante revisiones masivas de documentos y biometría. Por ejemplo, en campañas previas de regularización de migrantes, los plazos para resolver solicitudes se veían constantemente incumplidos por falta de recursos. En aquel momento, las autoridades se vieron obligadas a simplificar temporalmente algunos procedimientos, lo que generó una ola de críticas tanto por parte de la policía como de la sociedad. Ahora, la situación se repite, pero la magnitud del problema ha crecido considerablemente.












