
En noviembre de 2025, el mercado español de tierras agrícolas estuvo en el foco de atención: el número de transacciones registradas de compraventa aumentó notablemente, a pesar de la persistente polémica sobre la accesibilidad de la tierra para nuevos agricultores. Según datos oficiales, se formalizaron más de 14.000 operaciones en el mes, lo que supone un 4,2% más que el año anterior. Sin embargo, en comparación con octubre —mes récord—, la actividad cayó un 6,1%.
Este repunte de interés por las tierras agrícolas coincidió con las declaraciones del Gobierno sobre su intención de facilitar el acceso a la tierra a los jóvenes del sector agrario. Las autoridades prometieron poner en el mercado 17.000 parcelas estatales para favorecer el relevo generacional en el campo. En este contexto, la tensión crece en el sector: los agricultores preparan protestas masivas ante el aumento de costes, el endurecimiento de la regulación y la revisión del reparto de subvenciones dentro de la Política Agraria Común de la UE.
Contrastes regionales
La líder en número de operaciones volvió a ser Castilla y León, con 2.339 compraventas en un mes. Le siguieron Andalucía, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha: estas cuatro regiones concentraron más de la mitad de la actividad del mercado nacional. Por el contrario, en Madrid, Navarra, La Rioja y País Vasco la demanda de suelo agrícola fue mínima, con menos de 300 transacciones registradas en cada una.
Resulta curioso que en algunas comunidades autónomas la dinámica haya sido inesperada. En Cantabria, el número de operaciones creció un 58,2% respecto al año pasado, mientras que en Aragón se registró una caída del 21,3%. Estos contrastes subrayan lo desigual que es la situación del mercado de tierras en las distintas regiones del país.
Nuevas reglas del juego
Además de las compraventas, en noviembre las tierras agrícolas cambiaron de manos por otras vías: herencias, donaciones, permutas y otros mecanismos. En total se registraron más de 38.000 operaciones con parcelas rurales en un mes. De ellas, casi 15.000 fueron transmisiones hereditarias, lo que refleja la continua tendencia del predominio de la propiedad familiar.
Sin embargo, son precisamente las operaciones de compraventa las que ahora despiertan mayor interés entre expertos y agentes del sector. El motivo son las reformas que prepara el gobierno. Se espera que las nuevas medidas para facilitar el acceso a tierras estatales puedan cambiar el equilibrio del mercado y dar oportunidades a jóvenes agricultores que hasta ahora se enfrentaban a trabas burocráticas y precios elevados.
Protestas y expectativas
Mientras las autoridades prometen reformas, las organizaciones de agricultores incrementan la presión. En las próximas semanas se esperan protestas en todo el país: los productores reclaman una reducción de la carga fiscal, la revisión de los precios del combustible y los fertilizantes, así como normas más transparentes para la distribución de subvenciones. Muchos temen que las nuevas iniciativas del gobierno acaben aumentando la competencia por la tierra y desplazando a las pequeñas explotaciones a favor de los grandes grupos agroindustriales.
Expertos advierten que la situación en el mercado de tierras agrícolas en España es cada vez más tensa. Por un lado, el Estado busca fomentar el relevo generacional en el sector agrícola; por otro, los agricultores temen perder el control de sus parcelas. Como resultado, el mercado responde con picos de actividad y bruscas fluctuaciones en la demanda según la región.
El futuro en entredicho
Mientras algunas regiones muestran un aumento en las operaciones, otras pierden posición. La cuestión de si los jóvenes agricultores podrán realmente acceder a la tierra sigue abierta. Muchos opinan que, sin cambios legislativos integrales y apoyo financiero, las nuevas medidas del gobierno no lograrán el efecto esperado.
Mientras tanto, el mercado sigue rigiéndose por sus propias reglas: se cierran acuerdos, los precios fluctúan y el debate sobre el futuro del campo español no deja de crecer. En los próximos meses, la situación podría transformarse varias veces, ya que los intereses del Estado, de los agricultores y de los inversores no siempre coinciden.
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