
El año 2025 marcó un verdadero avance para la astronomía: el número de exoplanetas confirmados por la NASA superó los 6.000, y miles más esperan aún ser validados. En tres décadas desde el descubrimiento del primer planeta en órbita de una estrella similar al Sol, los investigadores han avanzado notablemente. Gracias a los telescopios Kepler y TESS, así como a nuevos instrumentos, los científicos han identificado clases enteras de mundos sin equivalente en nuestro sistema solar. Entre ellos se encuentran supertierras, mini-Neptunos, Júpiteres calientes y planetas con órbitas inusuales que obligan a replantear las teorías sobre la formación planetaria.
Este año, las exoplanetas que captaron la atención de los expertos no solo sorprendieron por sus características, sino que también plantearon nuevas dudas sobre el origen y evolución de los sistemas planetarios. Algunas parecen salidas de la ciencia ficción; otras pusieron en entredicho las ideas previas sobre la posibilidad de vida más allá de la Tierra.
Soles dobles
En 2025, el catálogo de exoplanetas recibió nuevos mundos “tatooinianos”: planetas que orbitan simultáneamente alrededor de dos estrellas. Destacó especialmente el objeto 2M1510 (AB) b, detectado en abril. Este planeta gira en torno a dos enanas marrones, a menudo consideradas “estrellas fallidas”. Su órbita es polar, cruzando por encima de los polos de sus soles, en vez de por el plano habitual. Los astrónomos notaron el peculiar movimiento estelar gracias al telescopio Very Large Telescope en Chile y dedujeron que la causa podría ser un planeta oculto expulsado a esa órbita tras una antigua colisión gravitacional.
Más tarde ese mismo año, otro grupo de investigadores detectó tres planetas del tamaño de la Tierra en el sistema TOI-2267, situado a solo 73 años luz de nosotros. Los tres mundos transitan frente a ambas estrellas, a pesar de que se suele considerar que estos sistemas binarios tan cercanos son extremadamente inestables para la formación de planetas.
A esta lista se sumó el masivo HD 143811 (AB) b, que durante mucho tiempo pasó desapercibido en los datos de archivo. Lograron ‘capturarlo’ gracias al instrumento Gemini Planet Imager en Chile. Este planeta, seis veces más grande que Júpiter, orbita una pareja de estrellas jóvenes que tardan 18 días en girar entre sí, mientras que el planeta recorre su órbita en 300 años. Cómo semejante gigante ha logrado sobrevivir en un sistema tan complejo sigue siendo un misterio.
En busca de vida
El exoplaneta K2-18b volvió a ser el centro de atención después de que un equipo de Cambridge anunciara posibles indicios de vida en su atmósfera. Utilizando el telescopio James Webb (JWST), los científicos detectaron gases que en la Tierra están vinculados a la biología marina —dimetilsulfuro y, posiblemente, dimetildisulfuro. Esto desató un intenso debate: algunos expertos creen que estas sustancias podrían ser signo de vida, mientras que otros señalan que los gases podrían tener un origen no biológico o que los datos no son lo suficientemente precisos.
A pesar de la controversia, K2-18b sigue siendo uno de los objetos más interesantes para investigar. Se trata de un subneptuno, una clase de planeta que no existe en nuestro sistema solar. Nuevas observaciones del JWST, ya disponibles, podrían arrojar luz sobre la verdadera naturaleza de la atmósfera de este mundo.
Al mismo tiempo, las esperanzas de habitabilidad de TRAPPIST-1e, uno de los siete planetas que orbitan una enana roja a 40 años luz de la Tierra, se han visto cuestionadas. Los primeros datos del JWST sugerían la presencia de metano, pero investigaciones posteriores demostraron que probablemente la señal había sido distorsionada por la propia radiación de la estrella. Simulaciones por computadora indicaron que el metano no puede mantenerse por mucho tiempo en este planeta debido a la fuerte radiación ultravioleta, y que, de existir atmósfera, esta sería extremadamente tenue y difícil de observar.
Vecinos más cercanos
En 2025, los astrónomos lograron obtener una visión más clara del sistema de Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, ubicada a 4,2 años luz. El nuevo espectrógrafo NIRPS, instalado en el observatorio La Silla de Chile, confirmó la existencia del planeta Próxima b, situado en la zona habitable, y de otro más pequeño, Próxima d. Al mismo tiempo, la supuesta tercera planeta fue descartada. Este logro técnico es importante: por primera vez se pudo registrar la leve influencia gravitacional que ejercen pequeños planetas rocosos sobre las enanas rojas, lo que abre nuevas posibilidades en la búsqueda de mundos similares a la Tierra.
Planetas con cola
Este año se han descubierto exoplanetas raros tan cercanos a sus estrellas que pierden materia y forman largas colas. BD+05 4868 Ab, detectado gracias a TESS a 140 años luz, completa una órbita alrededor de su estrella en tan solo 30,5 horas. Por su proximidad extrema, la superficie del planeta se evapora y el material es arrastrado al espacio, generando una cola de hasta 9 millones de kilómetros. Los científicos estiman que el planeta podría desaparecer por completo en 1 a 2 millones de años, y el análisis de su cola permitirá estudiar por primera vez la composición del interior de un mundo lejano.
Otro caso es WASP-121b (Tylos), un Júpiter ultracaliente situado a 858 años luz. El JWST ha revelado que este planeta posee dos enormes colas de helio: una se extiende detrás y la otra, de forma inusual, se proyecta delante. La primera se forma bajo la acción de la radiación y del viento estelar, mientras que la segunda es atraída por la gravedad de la estrella.
Atmósfera en un mundo de lava
TOI-561b es otro enigma del año. Este pequeño planeta gira alrededor de una de las estrellas más antiguas de la galaxia tan cerca que su año dura menos que un día terrestre y su temperatura supera los 1 700 grados Celsius. Según todos los cálculos, no debería tener atmósfera, pero el JWST registró que el lado diurno del planeta es más frío de lo esperado, lo que sugiere la presencia de una densa atmósfera capaz de redistribuir el calor. Si se confirma, los científicos obtendrán por primera vez pruebas de la existencia de una atmósfera duradera en un mundo rocoso y caliente, diferente a cualquier otro planeta conocido.
El nacimiento y la desaparición de los mundos
Este año, los astrónomos fueron testigos de dos eventos únicos: la formación y destrucción de planetas. Gracias a los telescopios Magellan en Chile y Large Binocular en Arizona, lograron observar por primera vez de forma directa al joven planeta WISPIT 2b, que apenas se está formando en un disco de polvo a 437 años luz de distancia. Ya es cinco veces más masivo que Júpiter y se encuentra en un anillo donde acumula material para su desarrollo. Cerca, posiblemente, está surgiendo otro mundo, lo que evidencia la complejidad del nacimiento de sistemas planetarios.
Casi al mismo tiempo, otro equipo observó a la enana blanca LSPM J0207+3331, el remanente de una estrella masiva situada a 145 años luz de la Tierra. Detectaron elementos pesados en su superficie, lo que indica la reciente caída de escombros de un planeta o asteroide destruido. Los científicos creen que los cambios gravitacionales tras la muerte de la estrella pueden lanzar los cuerpos restantes a órbitas inestables, provocando sus colisiones y fragmentación.
Cabe destacar que NASA (National Aeronautics and Space Administration) es la principal agencia espacial de Estados Unidos, dedicada a la exploración del universo, el lanzamiento de satélites y misiones interplanetarias. En las últimas décadas, sus programas Kepler y TESS han permitido el descubrimiento de miles de exoplanetas, y el telescopio James Webb ha facilitado por primera vez el estudio de sus atmósferas. En 2025, NASA continuará invirtiendo en nuevas herramientas y proyectos internacionales para desvelar los misterios de mundos lejanos y acercar a la humanidad a la respuesta sobre la existencia de vida fuera de la Tierra.










