
El gobernante de Dubái, jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, vuelve a estar en el centro de la atención pública, y esta vez no es por sus complejas relaciones familiares, sino por un ambicioso proyecto de construcción en pleno corazón de Inglaterra. El multimillonario ha recibido luz verde para demoler su lujosa finca en el condado de Surrey y construir en su lugar una residencia que triplicará el tamaño de la anterior. Esta decisión ha provocado una ola de indignación entre los residentes locales y los defensores del medio ambiente.
Se trata de la finca Longcross, valorada en unos 80 millones de euros. El jeque la adquirió en los años 90 como refugio contra el clima sofocante del Golfo Pérsico. La zona tiene un gran valor ecológico, ya que alberga uno de los brezales más antiguos de Europa. Ahora, en ese terreno, está prevista la construcción de un edificio colosal de tres plantas con un enorme nivel subterráneo. Cada piso sobre el nivel del suelo tendrá una superficie de más de mil metros cuadrados, y la parte subterránea casi mil quinientos.
La nueva casa contará con ocho dormitorios, cada uno con su propio baño, así como una suite principal con salón y vestidor privados. En el sótano habrá dos dormitorios adicionales, un gimnasio, piscina cubierta, cine, sauna y un amplio aparcamiento subterráneo. Cerca se construirán otros edificios destinados a juegos, fiestas y actividades de oficina. Las dimensiones del proyecto impresionan, pero precisamente esto ha sido el principal motivo de controversia.
Este no es el primer conflicto del emir con la opinión pública británica. En 2018 ya provocó la indignación de los vecinos al rodear su finca con alambre de púas sin la autorización correspondiente, transformando, según uno de los testigos, un rincón pintoresco en algo parecido a un campo de concentración. En ese momento también se descubrió que se habían talado decenas de árboles centenarios protegidos especialmente. A pesar de la clara violación de la ley, el consejo municipal de Runnymede le concedió el permiso a posteriori. Este precedente hace que muchos duden ahora de la objetividad de las autoridades.
La organización ecologista Surrey Wildlife Trust expresa seria preocupación por el destino de la fauna local. En el edificio junto a la piscina, que será demolido, anidan murciélagos. Además, el futuro de especies raras de anfibios, en particular el tritón crestado, también está en peligro. Las autoridades aseguran que hay un plan para el traslado de los animales, pero los activistas se muestran escépticos. Parece que para el gobernante de Dubái, de 76 años, cuyo nombre ya está vinculado a una serie de escándalos, incluido el escape de su exesposa la princesa Haya y su hija Latifa, los riesgos reputacionales no son especialmente relevantes cuando se trata de su comodidad personal.












