
Hay momentos congelados en el tiempo que, décadas después, no solo no pierden su relevancia, sino que adquieren un nuevo y más profundo significado. Así son las imágenes tomadas en el verano de 1997. A bordo del yate «Jonikal», frente a las costas de Saint-Tropez, Diana, la ex princesa de Gales, descansaba junto a sus hijos. Nadie entonces podía imaginar que esas fotos, captadas por omnipresentes paparazzis, serían no solo los últimos testimonios de su vida, sino también una fuente inagotable de inspiración para generaciones enteras.
Han pasado casi treinta años y, en 2025, las redes sociales y los expertos en moda han declarado unánimemente: el estilo con el que se vestía Diana aquel verano es la principal referencia de la temporada. Por supuesto, el nombre ha cambiado, pero la esencia sigue siendo la misma. La estética que hoy se llama «coastal grandmother» o «abuela costera», es un himno a la elegancia relajada. Imaginen lino blanco, camisas holgadas, tops sencillos de tirantes, pantalones beige, sandalias planas y grandes gafas de sol. Todo ello crea un aura de lujo marino discreto que Diana mostraba con sorprendente naturalidad mucho antes de que los influencers inventaran un término especial para describirlo.
Aquellos días en la Costa Azul estuvieron marcados por una atmósфера especial de glamour y una suave melancolía. En las fotografías, Diana aparecía feliz, libre, casi etérea. Sin esfuerzo, imponía tendencia luciendo bañadores con estampados llamativos, complementados con gafas doradas y pareos elegantemente anudados a la cadera. Estas imágenes dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en símbolo de una mujer independiente y fuerte que, liberada de las ataduras del protocolo real, volvía a descubrirse a sí misma y a su estilo único.
¿En qué consiste este fenómeno de la ‘abuela costera’? Un término que ganó popularidad hace un par de años y que describe no solo una forma de vestir, sino todo un estilo de vida. Dibuja el retrato de una mujer madura que vive junto al mar, cuida de su jardín y prefiere tejidos nobles y tonos neutros. En su armario predominan las camisas blancas de lino, jerséis finos llevados despreocupadamente sobre los hombros, pantalones palazzo de algodón, sombreros de paja y alpargatas. Este estilo transmite calma, armonía y conexión con la naturaleza, pero sobre todo, una elegancia relajada. Exactamente lo que proyectaba Diana, ya sea jugando con sus hijos en la playa o leyendo un libro bajo el sol en la cubierta de un yate.
Además de su inmensa personalidad, Diana fue una verdadera visionaria en el mundo de la moda. Muchos de los siluetas y prendas que hoy se encuentran en las colecciones de reconocidas marcas españolas e internacionales, desde caftanes de lino hasta shorts de sarga y blusas vaporosas, parecen sacados directamente de aquellas fotografías de los años 90. Si había algo que Diana hacía a la perfección, era vestirse para sí misma. No buscaba impresionar a nadie; su prioridad era sentirse cómoda. Durante aquellos meses de verano tras el divorcio, lejos de las formalidades de la corte, encontró una libertad estilística que sigue siendo una fuente inagotable de inspiración. En una época en la que el “lujo silencioso” es la principal tendencia, su archivo de estilo veraniego es la guía ideal para combinar sencillez, elegancia y personalidad.











