
En diciembre de 2025, astrónomos de todo el mundo observaron un acontecimiento poco común: el cometa interestelar 3I/ATLAS pasó a la mínima distancia de la Tierra, situándose a 270 millones de kilómetros. Es el tercer cuerpo celeste en la historia en llegar desde lo profundo de la Galaxia, y su aparición fue un auténtico regalo para los científicos. Tras este acercamiento, el cometa comenzó a alejarse, dirigiéndose hacia los límites del Sistema Solar, para muy pronto abandonar definitivamente sus fronteras y continuar su viaje por la Vía Láctea.
El 1 de julio de 2025, 3I/ATLAS fue detectado mediante el sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), diseñado para identificar objetos potencialmente peligrosos. La trayectoria de la cometa reveló de inmediato su origen extragaláctico: los cálculos indicaron que provenía de una región de la Vía Láctea conocida como el ‘disco grueso’, formada mucho antes de la existencia del Sistema Solar. Según los expertos, la edad de 3I/ATLAS podría alcanzar los 7.000 millones de años, lo que la convierte en la más antigua de todas las cometas conocidas.
Viajero interestelar
Antes de la aparición de 3I/ATLAS, solo se habían detectado dos objetos interestelares en las inmediaciones del Sol: el asteroide 1I/’Oumuamua en 2017 y el cometa 2I/Borisov en 2019. Cada uno ofreció a los científicos una oportunidad única para estudiar la materia a partir de la cual se forman planetas y cometas en otros sistemas estelares. Sin embargo, 3I/ATLAS destaca no solo por su antigüedad, sino también por su inusual composición química: los análisis mostraron que es rica en agua y su estructura difiere de la mayoría de los cometas conocidos del Sistema Solar.
Un interés especial despertó el comportamiento del cometa cerca del Sol. Normalmente, a medida que se acercan a la estrella, los cometas brillan intensamente: el calor solar evapora el hielo, formando una cola luminosa y una nube de gas alrededor del núcleo. Sin embargo, 3I/ATLAS sorprendió a los científicos: su brillo aumentó mucho más rápido de lo esperado. Varios aparatos espaciales, como STEREO-A, STEREO-B, SOHO y el satélite GOES-19, siguieron este proceso en tiempo real. Las causas de este brusco aumento de luminosidad siguen siendo un misterio y los investigadores continúan analizando los datos recogidos.
Descubrimientos únicos
Los investigadores señalan que ninguno de los cometas formados junto con el Sistema Solar puede tener más de 4.500 millones de años. Sin embargo, los visitantes interestelares como 3I/ATLAS podrían ser potencialmente mucho más antiguos. El astrónomo de la Universidad de Oxford, Matthew Hopkins, destaca que el análisis estadístico indica que este cometa es el objeto de este tipo más antiguo jamás observado por la humanidad.
Durante varios meses, mientras 3I/ATLAS permanecía al alcance de los telescopios, los científicos recopilaron activamente información sobre su composición y comportamiento. Estos datos ayudarán a comprender mejor los procesos que ocurren en otras regiones de la galaxia, y aportarán una idea de cómo se formaron los planetas y los cometas en el pasado remoto. Se presta especial atención al análisis del agua y otras sustancias volátiles detectadas en el núcleo del cometa.
El futuro de la investigación
Ahora, mientras el 3I/ATLAS ya abandona los límites del Sistema Solar, la información recopilada sigue siendo analizada en laboratorios de todo el mundo. Los astrónomos esperan que estos nuevos hallazgos permitan entender de otra manera el origen y la evolución de los objetos interestelares. Además, las observaciones de 3I/ATLAS pueden contribuir al desarrollo de métodos para la detección temprana de cuerpos similares, lo cual es fundamental tanto para evaluar amenazas potenciales como para ampliar nuestro conocimiento del Universo.
Para quienes deseen seguir la trayectoria del cometa, la NASA ofrece la aplicación interactiva Eyes on the Solar System. Gracias a esta herramienta, es posible ver la ubicación actual de 3I/ATLAS y observar su recorrido por el espacio.
Si no lo sabías, el sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) fue creado por la NASA para la detección temprana de asteroides y cometas que puedan representar una amenaza para la Tierra. Consta de una red de telescopios ubicados en diferentes partes del planeta y permite registrar incluso los objetos más tenues que se aproximan a nuestro sistema. Gracias a ATLAS, en los últimos años se han descubierto decenas de nuevos cuerpos celestes, incluida la cometa interestelar 3I/ATLAS, que se ha convertido en una auténtica sensación para la comunidad astronómica.












