
Los descubrimientos paleontológicos de los últimos años han arrojado nueva luz sobre cómo los antiguos reptiles voladores y las aves modernas desarrollaron la capacidad de volar mediante mecanismos evolutivos completamente distintos. El estudio de los cráneos de los lagerpétidos, parientes cercanos de los pterosaurios, permitió a los científicos examinar por primera vez en detalle cómo se formaba el sistema nervioso en los ancestros de los primeros vertebrados voladores. Estos datos no solo han transformado la visión sobre el desarrollo cerebral de los pterosaurios, sino que también han demostrado cuán diferentes fueron sus caminos para conquistar el cielo en comparación con la evolución de las aves.
Los pterosaurios, que aparecieron hace unos 220 millones de años, fueron los primeros vertebrados en dominar el vuelo activo. Para lograrlo, necesitaron no solo alas y una musculatura desarrollada, sino también soluciones neuroanatómicas únicas. Durante mucho tiempo, los científicos no lograban comprender cómo había evolucionado exactamente el cerebro de estos animales, ya que sus cráneos rara vez se conservaban como fósiles. Recientes hallazgos en Sudamérica han permitido llenar este vacío y comparar el cerebro de los pterosaurios con el de las aves y sus antepasados.
Evolución del cerebro: descubrimientos inesperados
Durante la investigación, los especialistas utilizaron tomografía computarizada para crear modelos tridimensionales de los cráneos de lagerpétidos, en particular de la especie Ixalerpeton polesinensis. El análisis reveló que estos reptiles terrestres tenían un cerebro alargado y hemisferios relativamente pequeños. Esto contrasta marcadamente con los cerebros de pterosaurios y aves, cuyos hemisferios son mucho más anchos que la parte posterior del encéfalo.
Es curioso que los lagerpétidos ya presentaban un desplazamiento de los lóbulos ópticos hacia abajo y hacia los lados, un rasgo propio de animales voladores. Aunque los propios lagerpétidos no podían volar, esta característica podría estar relacionada con la necesidad de orientarse bien en el espacio al trepar árboles o cazar.
Un salto evolutivo: cómo los pterosaurios transformaron su cerebro
Con la aparición de los primeros pterosaurios, su cerebro experimentó cambios drásticos. Los bulbos olfativos se redujeron y los hemisferios se volvieron más grandes y redondeados. Destacaba especialmente el flóculo, la parte del cerebelo responsable de estabilizar la mirada al mover la cabeza. En los pterosaurios, esta región cerebral alcanzó dimensiones que no se observan en ningún otro vertebrado, incluso superando a los lóbulos ópticos.
Los investigadores atribuyen este desarrollo inusual del cerebelo a las particularidades de las alas de los pterosaurios. Sus alas eran membranas de piel atravesadas por fibras nerviosas y músculos sensibles, lo que las convertía en un enorme órgano táctil. El cerebelo procesaba la información proveniente de las alas, permitiendo al animal reaccionar instantáneamente a los cambios en las corrientes de aire y mantener con precisión la mirada en su presa.
Aves: perfeccionamiento gradual
A diferencia de los pterosaurios, la evolución del cerebro en las aves siguió un camino distinto. Sus antepasados, los dinosaurios manirraptores, comenzaron a desarrollar un sistema nervioso complejo y una aguda visión mucho antes de la aparición de las primeras aves. Cuando las aves aprendieron a volar, su cerebro ya estaba preparado para procesar la información compleja necesaria para el vuelo. Este proceso se denomina exaptación: cuando un órgano o sistema, originalmente surgido para una función, se utiliza para otra.
Las aves solo modificaron ligeramente la estructura cerebral heredada, mientras que los pterosaurios dieron un verdadero salto evolutivo al crear una configuración neuroanatómica única. Esto les permitió adaptarse rápidamente a la vida aérea y ocupar la nicho de depredadores del cielo.
Nuevos hallazgos revolucionan la visión sobre la evolución del vuelo
El análisis comparativo de los cerebros de lagerpétidos, pterosaurios y aves demostró que la evolución del vuelo en estos grupos siguió trayectorias completamente diferentes. Mientras en las aves el desarrollo cerebral fue gradual, en los pterosaurios resultó vertiginoso y estuvo acompañado por la aparición de nuevas estructuras nunca antes vistas en vertebrados. Este descubrimiento resalta la enorme diversidad de caminos evolutivos, incluso cuando el resultado final parece similar.
Métodos modernos de investigación, como la tomografía computarizada y la modelización 3D, permiten a los científicos obtener datos únicos sobre la estructura cerebral de animales extintos hace millones de años. Gracias a ello, no solo es posible reconstruir su aspecto externo, sino también comprender cómo funcionaba su sistema nervioso y qué retos evolutivos afrontaba.
Por cierto: ¿Quiénes eran los pterosaurios y por qué son importantes para la ciencia?
Los pterosaurios fueron un amplio grupo de reptiles voladores extintos que existieron desde el Triásico tardío hasta el final del Cretácico. Fueron los primeros vertebrados que lograron el vuelo activo, mucho antes que las aves y los murciélagos. El tamaño de los pterosaurios variaba desde criaturas pequeñas con una envergadura de aproximadamente un metro hasta gigantes como Quetzalcoatlus, cuyas alas alcanzaban los 10–12 metros. Tenían un esqueleto ligero, dedos alargados y alas membranosas, lo que los convertía en excelentes voladores. Su diversidad y adaptaciones a distintos nichos ecológicos siguen fascinando a los paleontólogos. Estudiar a los pterosaurios ayuda a entender cómo la evolución puede dar lugar a formas de vida complejas y nuevos modos de desplazamiento. Además, su neuroanatomía única proporciona claves para descubrir cómo el cerebro puede cambiar rápidamente bajo la presión de nuevas condiciones ambientales.











