
Sensación en la antropología: un enigmático homínido que habitó en la actual Chad hace unos 7 millones de años vuelve a estar en el centro de un intenso debate científico. Sus restos, hallados a principios del siglo XXI, llevan años generando controversia: ¿fue esta especie un ancestro directo del ser humano o solo un pariente lejano sin descendientes en nuestra línea? Un nuevo análisis de sus huesos obliga a reconsiderar las ideas aceptadas sobre cuándo y cómo nuestros antepasados se pusieron de pie por primera vez.
El interrogante de quién fue el primer primate antiguo que se atrevió a bajar de los árboles y dar un paso en la tierra ha sido siempre uno de los más fascinantes en el estudio del ser humano. Una nueva investigación, realizada por un equipo internacional, asegura que Sahelanthropus tchadensis, apodado Toumaï, poseía rasgos anatómicos que prueban su capacidad para caminar erguido. Este hallazgo no solo aporta detalles inéditos sobre nuestros remotos antepasados, sino que también abre nuevos interrogantes sobre el origen de la marcha humana.
Huesos antiguos
Tras el hallazgo en 2001 del cráneo y huesos sueltos de Toumaï en las arenas africanas, surgió un encendido debate en torno a su verdadero lugar en nuestra evolución. Algunos científicos veían en él al más antiguo representante de la línea humana; otros, simplemente un mono que se cruzó por azar en la evolución. El gran punto de controversia: ¿era este homínido capaz de andar sobre dos piernas o se desplazaba, como los chimpancés actuales, apoyándose en las manos?
El análisis más reciente, realizado mediante modelos tridimensionales y comparaciones con huesos de otras especies, ha revelado tres características clave imposibles de ignorar. En primer lugar, Sahelanthropus tchadensis presenta una peculiar torsión del fémur que permite que las piernas avancen facilitando la marcha bípeda. En segundo lugar, tenía glúteos bien desarrollados, esenciales para la estabilidad de la pelvis durante el desplazamiento en dos patas. Y, por último, lo más sorprendente: la presencia de una protuberancia especial en el fémur donde se inserta un potente ligamento, característica exclusiva de los homínidos bípedos.
El debate sobre los antepasados
Estos hallazgos no dejaron indiferentes ni a los partidarios ni a los críticos de la teoría sobre el parentesco directo de Toumaï con el ser humano. Algunos están convencidos de que si Sahelanthropus realmente caminaba erguido, la costumbre del bipedismo surgió mucho antes de lo que se pensaba. Otros insisten en que, incluso con estas características, no necesariamente fue nuestro antepasado directo; quizás se trate de una rama evolutiva paralela que no llevó al surgimiento de Homo sapiens.
Sin embargo, los nuevos datos obligan a reconsiderar la evolución de la marcha humana. Resulta que incluso seres con un cerebro del tamaño de un chimpancé moderno podían desplazarse con seguridad por el suelo sin perder la habilidad de trepar árboles. Esto desmonta el estereotipo de que caminar erguido está necesariamente ligado al aumento del tamaño cerebral y al desarrollo de la inteligencia.
Vida al límite
Los investigadores señalan que Sahelanthropus tchadensis fue un auténtico “todoterreno”. No solo era capaz de caminar por tierra, sino que también se desenvolvía perfectamente en los árboles, donde encontraba alimento y se resguardaba de los depredadores. Este estilo de vida exigía flexibilidad, resistencia y una combinación única de rasgos anatómicos que rara vez se observan en los primates actuales.
Sin embargo, a pesar de su apariencia similar a la de los simios, Toumaï presentaba características que lo acercan al ser humano. Su esqueleto sugiere que la evolución no siguió una línea recta, sino una trayectoria compleja, llena de giros inesperados y callejones sin salida. Cada nuevo fragmento óseo antiguo no es simplemente un hallazgo, sino una clave para entender cómo se formó nuestra capacidad única de caminar erguidos.
Quizá no lo sabía, pero Sahelanthropus tchadensis es uno de los homínidos más antiguos conocidos, cuyos restos fueron hallados en Chad en 2001. Su antigüedad se estima en unos 7 millones de años, lo que lo convierte en una figura clave para el estudio de la evolución humana temprana. El nombre “Toumaï” significa “esperanza de vida” en el idioma local. Los restos de este ser todavía generan intensos debates entre antropólogos y paleontólogos de todo el mundo.











