
La noche del 19 al 20 de enero de 2026 quedó grabada en la historia como una de las más impresionantes para los aficionados a los fenómenos astronómicos. Por primera vez en muchos años, habitantes de latitudes medias en todo el mundo fueron testigos de un espectáculo asombroso: el cielo se iluminó con destellos de aurora boreal, un fenómeno que normalmente solo puede observarse cerca de los polos. La causa de este evento fue una tormenta magnética sumamente intensa, que alcanzó el nivel G4, considerado por la escala internacional como una perturbación geomagnética severa.
Durante varias horas la atmósfera terrestre permaneció en estado de caos. Las auroras boreales, como una gigantesca cortina luminosa, se extendieron desde Alemania hasta el suroeste de Estados Unidos, llegando incluso a regiones tan inesperadas como Nuevo México. En las redes sociales aparecieron de inmediato cientos de fotografías y videos donde olas y columnas de luz multicolor bailaban sobre ciudades y pueblos, generando asombro y admiración entre millones de personas.
Expertos señalan que la magnitud de este fenómeno fue posible gracias a una eyección de masa coronal inusualmente rápida, lanzada por el Sol apenas un día antes del evento. Esta tormenta solar, acompañada por una erupción de clase X1.9, recorrió la distancia hasta la Tierra en tiempo récord, provocando un fuerte aumento en el campo magnético del planeta y desencadenando una tormenta que nadie esperaba.
Geografía de la aurora
Imágenes impresionantes llegaron de todos los rincones del planeta. En Alemania, el fotógrafo Florian Gaertner captó cómo se extendían ondas verdes y rojas sobre el río Müggelspree. En Hungría, destellos escarlata y esmeralda envolvieron la aldea de Abaujvar, algo que logró registrar Robert Nemeti. El fotógrafo francés Jerome Gilles consiguió captar misteriosos reflejos púrpuras sobre la región de Bretagne, y en China, Chi Shiyong fue testigo de un resplandor insólitamente intenso en la aldea de Beiji, provincia de Heilongjiang.
Norteamérica tampoco quedó al margen. Greg Gage, desde Deming, Nuevo México, compartió imágenes donde la aurora se observa claramente en la latitud 32°, algo excepcional. En Canadá, Alex Masse registró altos pilares de luz, mientras que en Ontario y Bretagne aparecieron secuencias de timelapse que muestran cómo el cielo cambiaba minuto a minuto.
Causas y consecuencias
Según los expertos, una tormenta geomagnética tan intensa fue provocada por la colisión de la Tierra con una eyección de masa coronal que alcanzó el planeta apenas 24 horas después de la erupción solar. Habitualmente, estos fenómenos se desarrollan con mayor lentitud, pero en esta ocasión la velocidad de la CME (coronal mass ejection) fue récord. Ya a las 21:38 GMT del 19 de enero, los índices geomagnéticos alcanzaron el nivel G4, lo que provocó la aparición instantánea de auroras en latitudes poco habituales.
Durante la noche, el nivel de actividad magnética fluctuó, pasando de moderado a extremo. Esto creó condiciones para repetidos estallidos de auroras boreales, que se desvanecían y luego reaparecían con renovada intensidad. Los servicios meteorológicos del Reino Unido y Estados Unidos advirtieron sobre posibles fallos en las comunicaciones por radio y en los sistemas de navegación, pero el principal impacto se sintió en la atmósfera: millones de personas tuvieron la oportunidad de presenciar este raro espectáculo natural.
Reacción de los testigos
No solo los fotógrafos profesionales compartieron sus impresiones, sino también los ciudadanos comunes. Las redes sociales se inundaron de fotos y videos donde las auroras teñían el cielo de tonos carmesí, verde, violeta e incluso dorado. Muchos confesaron que nunca habían visto algo similar, y algunos ni siquiera creyeron a sus propios ojos de inmediato, pensando que se trataba de una ilusión óptica o del resplandor de la ciudad.
El fenómeno se observó de manera especialmente intensa en zonas rurales, donde no hay contaminación lumínica. En las ciudades, a pesar de las farolas y los anuncios de neón, los destellos fueron tan potentes que resultaba imposible no notarlos. En algunas regiones, familias enteras salieron a la calle para no perder la oportunidad de presenciar este fenómeno único.
Qué viene ahora
Según los especialistas, la actividad geomagnética irá disminuyendo gradualmente, aunque persiste la probabilidad de nuevas erupciones. Los astrónomos recomiendan mantener activadas las alertas de auroras boreales y tener listas las cámaras: si el viento solar vuelve a intensificarse, el espectáculo podría repetirse en las próximas noches.
Al mismo tiempo, los científicos enfatizan que tormentas magnéticas tan potentes pueden afectar no solo la belleza del cielo nocturno, sino también el funcionamiento de los satélites, los sistemas energéticos e incluso la salud de las personas sensibles a los cambios atmosféricos. Por ello, tanto los expertos como los aficionados continúan observando la situación con atención.
RUSSPAIN recuerda que la aurora boreal es un resplandor en las capas superiores de la atmósfera que ocurre cuando el viento solar interactúa con el campo magnético de la Tierra. Habitualmente solo es visible en latitudes altas, pero durante intensas tormentas magnéticas, la aurora puede alcanzar incluso regiones del sur de Europa, Asia y América del Norte. Estos fenómenos son muy poco frecuentes y siempre despiertan gran interés entre la comunidad científica y el público en general.












