
En pleno corazón de la provincia de Zamora, donde los campos infinitos se transforman en pequeñas arboledas y los caminos se pierden entre paisajes dorados, se esconde una aldea diminuta de la que pocos han oído hablar. En 2025, fue precisamente esta la localidad con menor población de la región. Aquí, entre casas sencillas y calles antiguas, la vida transcurre a su propio ritmo, ajena al bullicio de las grandes ciudades.
Los habitantes locales no tienen prisa por nada, y cada día está lleno de trabajo tranquilo y conversaciones con los vecinos. En este rincón de Castilla y León, donde la tradición es mucho más que una palabra y forma parte de la vida cotidiana, se puede sentir una verdadera conexión con la naturaleza. El pueblo de Matilla la Seca, situado en la comarca de Toro, cuenta con solo 33 habitantes. No es solo una cifra: es todo un desafío al paso del tiempo y a las tendencias demográficas.
Vida entre campos
Matilla la Seca se encuentra a unos veinte kilómetros al sur de la capital provincial. Rodeada de campos y pastizales, parece quedarse inmóvil en una espera eterna de cambios que nunca llegan. Aquí no hay ruido de coches, y en lugar del bullicio urbano solo se oye el viento entre las espigas y las voces esporádicas de los vecinos. El pueblo está situado a más de 700 metros de altitud, lo que le confiere un clima y carácter singulares.
La historia de este lugar se remonta al siglo XII. Por entonces, Matilla la Seca formaba parte de la red de asentamientos medievales estrechamente vinculados con Toro. Hoy en día, aquí se conservan no solo antiguas viviendas, sino también el espíritu de aquellos tiempos. Cada habitante conoce el nombre del resto, y las fiestas y tradiciones se transmiten de generación en generación.
La tranquila rutina diaria
En Matilla de la Seca no hay los entretenimientos habituales de la ciudad, pero sí algo más importante: una sensación de paz y seguridad. Aquí la gente no teme dejar las puertas abiertas y los niños pueden jugar en las calles sin preocupación. Al atardecer, los vecinos se reúnen, comentan las noticias, comparten planes y simplemente disfrutan de la compañía mutua.
A pesar de su reducido tamaño, el pueblo no está aislado de la civilización. Zamora queda a solo media hora, lo que garantiza acceso a todos los servicios y tiendas necesarios. Sin embargo, muchos prefieren quedarse en casa, pues es aquí donde verdaderamente se sienten felices.
El más pequeño en superficie
En cuanto a extensión, el récord lo ostenta otro municipio: Fresno de la Polvorosa. Su superficie es de apenas 4,07 kilómetros cuadrados y cuenta con 117 habitantes. Se ubica al norte de la provincia, cerca de Benavente, en un fértil valle atravesado por el río Órbigo.
Fresno de la Polvorosa es conocido por su hospitalidad y arraigadas tradiciones agrícolas. Pese a su diminuto tamaño, aquí la vida es dinámica: funcionan granjas, se celebran fiestas locales y los vecinos sienten orgullo por su historia y su vínculo con la comarca.
El reto demográfico
El problema de los pequeños pueblos en Zamora no se reduce solo a su población. Representa una muestra de la crisis demográfica global que afecta a toda Castilla y León. Además de Matilla la Seca, en la lista de las localidades menos habitadas figuran también Pobladura de Valderaduey con 34 vecinos, Quintanilla del Olmo con 38, Fuentesecas con 43 y San Martín de Valderaduey con 47 habitantes.
Cada uno de estos lugares guarda su propia historia. Pobladura de Valderaduey se extiende a orillas del río homónimo, donde la vida sigue su ritmo y es la naturaleza quien pone las reglas. Quintanilla del Olmo destaca por su arquitectura tradicional y los extensos campos que la rodean, mientras que Fuentesecas ofrece la esencia misma de la España rural. San Martín de Valderaduey, rodeado de valles y arroyos, se mantiene fiel a sus raíces y a su modo de vida campesino.
Preservar las tradiciones
A pesar de las dificultades, los habitantes de estos pueblos no pierden el optimismo. Siguen apoyándose entre sí, celebrando fiestas y manteniendo vivas sus costumbres únicas. Aquí no hay espacio para la indiferencia: cada uno se siente parte de una gran familia. Lugares como estos son verdaderos guardianes de la identidad española, resistiendo al paso del tiempo y la presión de la urbanización.
En los últimos años, el interés por vivir en pequeños municipios ha crecido. Cada vez más personas buscan tranquilidad, aislamiento y una oportunidad de volver a lo esencial. Tal vez sean pueblos como Matilla la Seca los que sirvan de ejemplo para nuevas generaciones que desean dejar atrás el estrés de la ciudad.
RUSSPAIN recuerda que Matilla de la Seca no solo es el municipio menos poblado de Zamora, sino también parte del patrimonio histórico de Castilla y León. El pueblo es conocido por sus tradiciones agrícolas y su ambiente único. En los últimos años ha despertado el interés de demógrafos y viajeros en busca de rincones auténticos de España. A pesar de su escasa población, aquí siguen viviendo personas para quienes su tierra natal es mucho más que un punto en el mapa: es parte de su destino.












